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Ambos candidatos, Keiko Fujimori y Ollanta Humala, cerraron en Lima su campañas hacia la Presidencia de Perú. La batalla definitiva se llevará a cabo el domingo en las urnas, cuando se enfrenten a un electorado que hasta el momento vive una polarización sin parangón en los últimos años. Las encuestas marcan dos datos llamativos: a dos días de la elección, con una muy ligera ventaja para Fujimori, persiste el empate técnico entre los candidatos, y entre la población el rechazo para cada uno de ellos bordea el 40%.
Diera la impresión, entonces, de que los peruanos se debaten entre elegir al mejor aspirante o al menos malo de los dos, como dejó en claro el escritor Mario Vargas Llosa, quien anunció su apoyo a Ollanta Humala sólo por evitar el regreso del fujimorismo al poder. Vargas Llosa —hoy colaborador del diario La República, después de renunciar a El Comercio por apoyar a Keiko Fujimori— y un grupo de 100 escritores se esfuerzan por evitar la victoria de la candidata, así como sectores académicos y culturales, relacionados con el cine y otras artes. En las redes sociales ya son más de 180.000 jóvenes los que se oponen a la hija de Alberto Fujimori y en las calles, las organizaciones de derechos humanos marchan por la misma causa. Es una lucha contra la impunidad, dicen sus carteles.
Del otro lado del río están los pilares de apoyo de Fujimori: políticos como Pedro Pablo Kuczynski, tercero en la primera vuelta de las elecciones; Luis Castañeda, exalcalde de Lima, y diversas figuras de la política tradicional peruana. El sector de los empresarios también se siente más cómodo con ella y muestra desconfianza frente a las ideas económicas que Humala expuso en su campaña de 2006. Además, algunas figuras de la farándula, como la presentadora Sofía Franco y Jaime Bayly, se han declarado públicamente en favor suyo.
La polarización se ha transmitido a los seguidores, que en algunos episodios han llegado a atacar a sus contendores. Para la memoria quedará la imagen de la semana anterior en Cajamarca, cuando Keiko Fujimori tuvo que continuar su mitin de campaña con rastros de huevo entre sus prendas, todo por obra de los “humalistas”.