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Construir un partido es un proceso de ensayo y error. Siempre es útil señalar, en debate abierto, lo que el partido hace bien y lo que no hace del todo bien, o inclusive lo que hace mal. Un partido, empresa humana, no está exento de cometer errores.
Las limitaciones y errores de un partido solo afectan su proyecto político si el partido no es capaz de reconocerlos y producir oportunamente los cambios necesarios.
El PDA necesita recorrer sin vacilación el camino de la rectificación. Este partido presenta hoy un contraste entre la capacidad de producir hechos importantes – control político desde cuerpos colegiados, participación en Cumbre de los Pueblos en Cartagena – y la incapacidad para manejar adecuadamente sus relaciones internas, esto es, el aprovechamiento de su inmensa pluralidad, el trámite de las diferencias de opinión o aspiraciones.
Los aciertos del Polo no se traducen en avance y acumulación, ascenso y expansión, porque la recíproca imposición se sobrepone a la mutua persuasión. La riqueza de la pluralidad puede fácilmente traducirse en fragmentación, puede tornarse explosiva y centrífuga, si la cotidianidad partidaria no es suficientemente incluyente, si no crea ambientes sostenidos de confianza, si la institucionalidad partidaria no es más fuerte que los grupos y los liderazgos presentes en el partido.
Al interior del Polo existen hoy dos lecturas del proceso partidario. De una parte están quienes consideran que no hay crisis partidaria, que la dirección acertó en lo fundamental en los últimos seis años, que los problemas del partido se originan en la derecha que quiere ahogar a la izquierda y en los líderes indómitos refractarios a toda disciplina; de otra parte están quienes consideran que sí hay crisis partidaria y que a producirla concurren errores sucesivos de la dirección, grupismos y personalismos sin control, y circunstancias adversas originadas en un contexto hostil.
En la primera lectura las dificultades inocultables se explican más por factores exógenos, en la segunda los déficits notables se explican más por factores endógenos. ¿Son irreconciliables estas lecturas? No lo creo. Las dos lecturas reseñadas producen actitudes diferentes frente al presente y el futuro del partido. Los primeros no quieren mucha discusión, los segundos exigen debate. Los primeros quieren ejercer la oposición sin tomar muy en cuenta que hay otras fuerzas inconformes fuera del Polo; los segundos asumen que en el campo alternativo hay otras fuerzas sociales y políticas con las cuales el Polo debe construir convergencias para avanzar. La pluralidad interna y la amplitud de las alianzas son concebidas de manera distinta, la caracterización del régimen difiere en matices importantes.
La situación descrita sería insostenible si no se tramita mediante una disposición al entendimiento y al acuerdo. Las diferencias, legítimas, explicables, normales en la izquierda, es preciso manejarlas democráticamente mediante el debate serio entre tendencias reconocidas, y afiliados y afiliadas independientes, que actúan con responsabilidad política. Surgieron los Verdes en 2010, surgieron los Progresistas en 2011, ahora surge la Marcha Patriótica, los analistas acotan que ello ocurre porque el Polo no respondió a las expectativas: o no fue suficientemente amplio, o se deslizó a los vicios de la vieja política, o se quedó en la función electoral sin ligarse a la movilización social.
El Polo no puede seguir extinguiéndose por errores, fugas, depuraciones o rivalidades. Pluralidad es riqueza. Democracia no es solo marcar mayoría y minoría a toda hora, también lo es el acuerdo amplio o aun plenamente incluyente. Podemos volver a recurrir a él para recrear el partido. Es necesario. La oportunidad está dada: la Conferencia Ideológica y el III Congreso del partido.
lucho_sando@yahoo.es