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La corte insana

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AQUÍ PASA COMO EN LAS CASAS donde los anfitriones se esfuerzan mucho por quedar bien y quieren demostrar lo que no son, que las cosas no fluyen o se muestra el cobre donde menos se imagina.

La cumbre de Cartagena reunió salidas en falso como una comedia de equivocaciones. El desvarío de los agentes secretos estadounidenses en uno de los muchos cabarés que fomentan el turismo sexual que llega allí, es sólo una muestra de lo que no se quería dejar ver y se vio. Recogieron los mendigos, los vendedores ambulantes, los perros callejeros, pero fue una jinetera colombiana la que mostró la doble moral americana y colombiana, por ahí derecho.

Hasta Shakira, la más global que tenemos aquí, dio su resbalón y al cantar el Himno Nacional a capela tuvo un lapsus en el segundo verso. A Hillary Clinton se le ocurrió que en la reunión donde la manzana de la discordia había sido Cuba, podía irse a bailar al bar Havana en el barrio Getsemaní y cantar todo el son cubano como si no hubiera existido guerra fría sino caliente. La guayabera hecha a la medida de Obama no le sirvió porque nadie sabía que tenía que ser blindada y eso en lino podía verse feo. Además le trastearon todos los chefs nacionales para alguien que sólo tomó agua traída de su país y ensaladas importadas del hotel Hilton en el que pernoctaba, y eso porque es franquicia americana. Las lágrimas de cocodrilo del presidente Santos cuando la chiquita Gabrielle entró en escena en el Centro de Convenciones para entregarle el colibrí y decir una frase manida como si se le acabara de ocurrir, no resultaron creíbles, ni lágrimas ni palabras, porque éstas eran adultas.

A la canciller colombiana fue a la que más se le notó, por lo demudado de su rostro al final de la Cumbre, que había sido un descomunal esfuerzo para un incierto resultado. Talvez lo que ocurrió detrás de las paredes y no se supo, fue realmente lo importante: debate a las drogas; la forma de combatir la desigualdad en este continente desequilibrado, o todo fue una puesta en escena turística desmesurada para vender a Colombia como destino.

Siempre acostumbramos hacer ingentes esfuerzos por ser reconocidos y detrás se esconde el ánimo narcisista de alguien. Traer a McCartney fue posible por la sumatoria de dos personajes venidos a menos: Petro, un alcalde que ha logrado tener tal número de desaciertos por día y Fernán Martínez Mahecha, un mánager de artistas que salió de Julio Iglesias y de Juanes, para caer en Amparo Grisales y ahora se reencaucha como empresario de conciertos con el Beatle. Habrá pues que hacer reverencias a los dos narcisistas decadentes por haber sumado sus egos y conseguir que miraran a Colombia con menos dudas. Ambos se cobrarán el haber pasado a la historia por traer un mito a la grama de El Campín.

Fue muy oportuna la anotación que hizo Osuna sobre cuál era el papel que cumplía el hijo de Juan Manuel Santos recibiendo en el avión a Obama. Si aquí nos comportábamos como una monarquía y se seguía una línea de sucesión. Porque es notorio el aire cortesano que mantenemos y que sacamos a relucir en acontecimientos como el de Cartagena y como el reciente cumpleaños del pintor Fernando Botero, en el que no quedó nadie por hacerle su propia venia, como si debiéramos rendirnos ante su existencia. Fue más discreto el cumpleaños de García Márquez, para que vea. Hay que agradecer, sí, que no alcanzamos todavía a tener un rey que se vaya de cacería de elefantes, con un nieto que se dispare a los 13 años en el pie derecho. Cómo sería el sainete si eso pasara aquí.

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