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La diferencia entre legalizar y despenalizar radica en que con la primera decisión se acepta y reglamenta una actividad a través de una ley, y con la segunda, se suprimen y eliminan las sanciones, penas o castigos, pero no se legaliza.
Lo paradójico es que de no despenalizarse la producción y la comercialización, el ámbito de lo ilícito siempre hará productivo y redituable el tráfico, y hará difícil la terminación de la guerra en Colombia. Este no es ya un conflicto bajo la sombrilla de la guerra fría, es un conflicto amorfo que tiene la guerra como negocio. Pero la legalización tendrá que ser global.
Muchos presidentes de América ya están inclinados por acabar la prohibición de la coca. Estos líderes están ahora considerando que la legalización de la coca es la salida a la crisis. Tardíamente se hizo este fin de semana un debate público por el escenario multinacional: la VI Cumbre de las Américas. En Cartagena no pudieron eludir este tema, donde al final fijaron las posiciones pero ninguna decisión de fondo; el camino a seguir fue pasarlo a la OEA.
Hoy, la política antidrogas debe empezar por la despenalización escalonada para llegar a la legalización, después de discutirse en los organismos regionales (Unasur, CAN, OEA) hasta llegar a la ONU.
Desde hace 50 años los EE. UU. “persiguen” en todo el mundo los estupefacientes, pero con mayor intensidad desde 1971, el presidente Nixon declaró una especie de guerra contra las drogas que sólo ha traído daños directos y colaterales. Fumigan la biodiversidad aledaña a las plantaciones en los países cultivadores y no terminan con el mercado negro de ellos ni con los carteles que distribuyen adentro.
El valor agregado de Juan Manuel Santos en este tema es que abordó el problema, brindó una plataforma multilateral y, a su estilo diplomático, esbozó la solución, no se casa con ella para no ser demonizado, hace calambures en el discurso sobre la legalización, se escurre, vuelve y lo menciona, pero abrió las compuertas de la discusión.
La Cumbre de la Américas en 1994 se creó con la idea de ser el escenario propicio y el motor de un proyecto: beneficiarse los EE. UU. con todo el mercado de América Latina a través del ALCA. Hoy, ante la oposición de bloques regionales en estos 17 años y la eclosión de otros mercados, la bilateralidad de los TLC se impuso y los términos de negociación económica se atemperaron. Los temas a ventilarse en la VI Cumbre de las Américas dejan ver la relativa autonomía que comienza a moverse en América Latina respecto a EE. UU., antes obsecuentes y patio de colonias.
Alberto Ramos G. Politólogo de la Universidad Javeriana.