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A propósito de la Cumbre

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Europa y Estados Unidos —que surgieron como potencias dominantes en las épocas de colonización y poscolonialismo— han visto que otras potencias emergentes han empezado a adelantarse en la carrera.

Ninguno de estos avances es un buen presagio para dichas regiones, pero tanto la una como el otro podrían sortear mejor sus problemas si fueran más receptivos a los cambios del mundo.

Como ha dicho Moisés Naím: una manera de conseguir ese objetivo sería que la administración Obama de Estados Unidos le hiciera “una oferta imposible de rechazar” a la administración de Dilma Rousseff en Brasil.

Naím se refiere a que Estados Unidos debería tender la mano a Brasil para que ambos países mantengan una relación de igual a igual, en la que cada parte reconozca la madurez de la otra.

Latinoamérica se ha valido de la crisis global para demostrar su capacidad de recuperación y su mayor independencia con respecto a las órbitas europea y estadounidense. Y aunque Brasil es el país latinoamericano que tiende a llamar más la atención, la región se destaca realmente como conjunto y, a diferencia de lo que ocurre con China, Rusia e India, la percepción general es que se trata de un fenómeno continental.

Brasil es el principal representante de una tendencia más amplia que fortalece la independencia al establecer lazos más estrechos con otros países del Sur global. Las nuevas alianzas, como IBSA, entre India, Brasil y Sudáfrica, representan una apuesta de principios por los valores democráticos comunes y demuestran tener una conciencia crítica sobre el lugar que estas naciones ocupan en el estado actual de los asuntos mundiales, así como un compromiso colectivo para su transformación.

El modelo que se está apoderando de la mayoría de países en Latinoamérica —que podría agruparse bajo el término ‘democracias optimistas’— es más inspirador, puede obtener más seguidores que el Chino, y cada vez gana el respeto y el reconocimiento de más países.

Es difícil pasar por alto el renombre y reconocimiento de que gozan países como Brasil en el escenario mundial. Otros, como Colombia, Chile, Argentina, e incluso Venezuela y Bolivia, a su manera, vienen detrás.

¿Qué espera Brasil, en particular, y Latinoamérica, en general, de todo esto? No quieren reemplazar a Estados Unidos y Occidente, estimular su declive relativo o hacerlos a un lado. Simplemente quieren que los escuchen.

La promoción de nuevas alianzas por parte de Latinoamérica a través de nuevos canales institucionales, más allá de la OEA o el Banco Mundial, por ejemplo, constituye un balance refrescante frente a la prevalencia del estatus privilegiado y no democrático que lideran los poderes tradicionales en las relaciones internacionales. Y expresa una conciencia renovada del papel que puede desempeñar Latinoamérica en la redefinición de nuestra civilización.

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