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Emprendimientos inclusivos

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La dinámica tradicional del desarrollo se ha centrado en lo que hay que hacer para atraer nuevas inversiones, avanzar en I+D, promocionar emprendimientos, impulsar parques industriales, etc. Está bien, pero es claramente insuficiente y deja de lado una parte sustancial del aparato productivo existente.

Veamos: Confecámaras informa que tenemos alrededor de 1,6 millones de empresas con registro mercantil y, según un censo del DANE, el número de negocios o empresas con registro mercantil era menos del 25 %. Significa que tenemos por lo menos cuatro veces lo reportado por Confecámaras, es decir que puede haber mucho más de seis millones de empresas, negocios y emprendimientos. Estas son las que dan empleo y en su mayoría sacan de la pobreza a más de 22 millones de colombianos. Y no estoy pensando en las grandes compañías que tradicionalmente salen en las revistas de negocios, que son una minoría. Estoy hablando de la tienda de barrio, piqueteaderos, la señora que hace cortinas, el negocio “su llave ya”, el fontanero, entre otros. Estos negocios, frágiles en su mayoría, cumplen el rol central de darles de comer a millones de colombianos y sacarlos de la pobreza.

Un capítulo gigante de la política pública nacional y regional debería enfocarse en el fortalecimiento y transformación de estos negocios. ¿Cómo? Primero, focalizando sin excluir: en estos emprendimientos, los que tienen tres trabajadores o más y por lo menos tres años de existencia demuestran que tienen potencial de permanencia y desarrollo, y sus dueños, “perrenque”. Hay que tener políticas y herramientas que permitan intervenciones MASIVAS, primero, caracterizando tipologías de negocios y luego realizando evaluaciones rápidas (assessments) que miren posibles mejoramientos en sus procesos productivos, proveedores, diversificación, oportunidades de comercialización, páginas web, etc., enfocados en cómo lograr más altos ingresos y en su crecimiento. Tiene que haber promotores que acompañen su microdesarrollo e intervenciones masivas con financiamiento, formación y transferencia tecnológica.

Todo lo anterior está inventado. A nivel nacional, el SENA, DPS, Minagricultura y Mincomercio han hecho históricamente estas labores. Pero es claramente insuficiente. Ilustremos el asunto. El SENA está centrado fundamentalmente en la formación de oficios, pero un negocio de estos requiere intervenciones en pequeños módulos relevantes, para lograr, como ya dije, más altos ingresos. Estos micromódulos deben ser comercialización, mejoras en diseño, procesos más eficientes, cuentas básicas y costos, contratos esenciales, medidas sanitarias, aspectos tributarios y laborales requeridos, entre otros. Esta formación NO puede ser presencial, porque si el emprendedor va a clase, ¿de qué vive? Tiene que ser semipresencial y los días de formación hay que pagárselos.

En resumen, quiero llamar la atención sobre la necesidad de enfocar y masificar la política pública sobre cómo transformar el aparato productivo “inclusivo” existente, porque estos negocios tienen el rol fundamental de sacar gente de la pobreza.

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