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Tenemos una amplia información sobre los estragos que ya ha causado en una buena parte del mundo el famoso coronavirus y también nos han inundado de las precauciones que deben tomarse para evitar su propagación. Las autoridades tienen esa inmensa responsabilidad, y de allí la gran importancia de fortalecer y perfeccionar el sistema de salud pública para todos. Nada de privatizaciones, pues la experiencia lo está demostrando.

El otro coronavirusTenemos una amplia información sobre los estragos que ya ha causado en una buena parte del mundo el famoso coronavirus y también nos han inundado de las precauciones que deben tomarse para evitar su propagación. Las autoridades tienen esa inmensa responsabilidad, y de allí la gran importancia de fortalecer y perfeccionar el sistema de salud pública para todos. Nada de privatizaciones, pues la experiencia lo está demostrando.

Sin embargo, en estas circunstancias considero que no debe perderse de vista al verdadero coronavirus del país, que es la corrupción en todas las esferas de la vida pública y privada. Podríamos comenzar con aquella que se centra en el PAE (Programa de Alimentación Escolar), donde los corruptos y corruptas –porque conozco a varios y a varias– se han enriquecido desde hace años con los recursos de este proyecto que tiene como propósito nutrir a la población infantil vulnerable y garantizar su crecimiento y desarrollo con más efectividad para que su proceso de enseñanza-aprendizaje sea integral. Esos corrompidos sí que son unos auténticos virus que transitan a nuestro lado como si nada y forman parte de grupos profesionales y sociales, como cualquier Ñeñe.

Otro coronavirus igualmente fatídico han sido los ladrones de las EPS, como la de los palacinos de Saludcoop y de otras tantas más pequeñas distribuidas por todo el país que siguieron las huellas de aquella. El tiempo pasa con los anuncios de funcionarios que se desgañitaron prometiendo limpiar y se han ido en las mismas dejándonos semejante virus que se propaga y afecta no solo a niños y ancianos, sino a todos. Les importa un soberano comino los trasplantes urgentes, las intervenciones quirúrgicas vitales, los exámenes especiales para descartar o confirmar un diagnóstico grave. En fin. Prefieren, ahí sí, hacerse los dignos para cumplir con los “protocolos” cuando la vida de muchos usuarios está en vilo. Esos funcionarios sí que son unos virus superpeligrosos, pero con ellos no pasa nada. Siguen su vida a costa de la de millones de colombianos.

Debería declararse una pandemia de corruptos y combatirla con la misma fuerza que hoy se está haciendo, como nunca se había hecho con otras enfermedades derivadas del hambre, la falta de atención oportuna, la ausencia de programas buenos para prevenir. Y sí que caerían desde lo más alto… Ana María Córdoba Barahona.

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