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El 9 de abril de cada año se dedicará a la solidaridad con las víctimas que han sufrido las consecuencias de una guerra absurda, alimentada por la indolencia, la indiferencia, la corrupción y la impunidad.
Primero, una estúpida guerra partidista que dio paso a la guerrilla, y ahora se convirtió en terrorismo de izquierda o derecha alimentado por el narcotráfico. Todos han cobrado la vida de miles de personas, a otro tanto los desplazaron y les quitaron sus tierras, a cientos los secuestraron y a miles los han herido, entre otras, por las infames minas antipersonas.
Quienes han promovido esta estrategia que surge de la Ley de Víctimas entendieron que parte de la reparación está relacionada con la visibilización, con romper el silencio. Resulta conmovedor y esperanzador ver como organizaciones de derecha y de izquierda, periodistas, analistas y congresistas de todos los partidos se han unido en esta causa. Nos ha unido la restitución de tierras y ojalá la reparación legal, que significa que quienes han causado tanto dolor paguen por sus delitos.
Extrañamente, algunos de los que abanderan o apoyan esta justa causa por las víctimas, son indiferentes o indolentes frente a los miles y miles de niñ@s que son víctimas de las más escabrosas atrocidades. Cada año, centenares de niñ@s son asesinados por sus padres a golpes, ahogados, apuñaleados o por balas perdidas. Miles son sometidos a todo tipo de actos de violencia sexual y/o maltratados de forma grave y hasta torturados, en casi todos los casos en sus propias casas por familiares y conocidos. Miles de niñ@s han desparecido, sin contar los que han sido ‘reclutados’, es decir, secuestrados para la guerra, y son invisibles.
Pareciera que para algunos, las únicas víctimas que importan son las relacionadas con hechos que adquieren dimensión política. Algunos sólo visibilizan a las víctimas de los paramilitares, y otros a las de la guerrilla, como si unos y otros fueran algo diferente a delincuentes que se esconden en uniformes y posturas ideológicas con las que ‘justifican’ sus atrocidades. ¿Acaso las víctimas sufren diferente, de acuerdo a la ideología del agresor?
Qué extraño que los niñ@s víctimas de atrocidades, que superan con creces en número a las víctimas adultas de otras violencias, no ameriten tanta atención, esfuerzo y unión. Qué extraño que se trabaje tanto por la justicia, la verdad y la reparación para las víctimas de la guerra o del conflicto (palabras que tienen significados diferentes), y se trabaje tan poco, se apoye tan tímidamente o, peor aún, exista una oposición fuerte para evitar que los adultos que les hacen daño a los niñ@s sean castigados con severidad, porque esa es una forma de prevenir y de reparar a las víctimas invisibles de la peor violencia de todas: la de la casa, la cotidiana, la que usa la indefensión y la ingenuidad para agredir, la que con el silencio y la indolencia se perpetúa, la que llaman sutilmente ‘violencia intrafamiliar’. Por ell@s seguiremos trabajando sin descanso y sin dejarnos amilanar por la agresividad, y peor aún, por el silencio, la indolencia y la indiferencia de otros.
* Gilma Jiménez Gómez, senadora de la República