La Habana cumplió 500 años el pasado mes de septiembre. Fundada en 1514 por el conquistador Pánfilo de Narváez, bajo las órdenes de Diego Velázquez de Cuéllar, se llamó en primera instancia Villa de San Cristóbal de la Habana. Fue una de las primeras villas de la Corona española en la isla.
Siete postales de La Habana que encarnan parte de sus cinco siglos de historia, a través de siete escenas de algunos de sus personajes cotidianos.
/ Fotos: Linda Esperanza Aragón
La Habana: el viaje fue mirar
Fotos y texto: Linda Esperanza Aragón
Tiempo de lectura
Resumen generado por IA. Para más detalles, consulte el artículo completo.
¡Ahorra tiempo y mantente informado con El Espectador!
Lee nuestros resúmenes para informarte con los puntos clave de cada noticia. Te contamos lo que debes saber en pocos segundos.
Te leemos la información completa para que tengas una experiencia más inmersiva en nuestro portal.
Cerrar
Fui ligera de equipaje. No esperaba a que todo fuese como la postal turística; confié en mis ojos a la hora de andar; no llevé mucha ropa, y mi sombrero era la brisa, al igual que Toño Fernández, el gaitero mayor. Cuando vi el agua salada se me vino a la mente una serie de trozos de canciones cubanas que, a mi parecer, podían ser el sonido de la sonrisa de La Habana: el Malecón. También me acordé de la cumbia, de su movimiento que se parece al del agua salada.Pensé en el vaivén de la hamaca y en que Papaíto tenía razón, ahí no se sufre ni se…
Fui ligera de equipaje. No esperaba a que todo fuese como la postal turística; confié en mis ojos a la hora de andar; no llevé mucha ropa, y mi sombrero era la brisa, al igual que Toño Fernández, el gaitero mayor. Cuando vi el agua salada se me vino a la mente una serie de trozos de canciones cubanas que, a mi parecer, podían ser el sonido de la sonrisa de La Habana: el Malecón. También me acordé de la cumbia, de su movimiento que se parece al del agua salada.Pensé en el vaivén de la hamaca y en que Papaíto tenía razón, ahí no se sufre ni se llora.
Atenta a la sinfonía coqueta de las olas me entró la duda: ¿será el mar o la mar? No supe contestarme, no encontré las palabras para establecer un contraste. Le llamé nostalgia, pues fue lo que sentí al contemplar el agua inquieta desde una ciudad que brinda sus pasados.Caminaba lento, aguardaba y miraba. Me dejé llevar por el tiempo que ha abrazado a La Habana. Sin afanes dejaba que su cotidianidad venciera mi timidez para poder acercarme más a la gente, a la cubanía, a lo que espera todavía. El zoom eran los pies.No me aferraré a las palabras ahora, que lo que escribí con la luz se atreva a expresar algo que delate el vaivén habanero o el pellejo de la ciudad, que por lo menos adorne un silencio.