Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los grupos de autodefensa o «paras» surgieron hacia 1970, pero se fortalecieron en la década de los 90 bajo la permisividad de los gobiernos de turno que dejaron pasar sus cuatrienios sin enfrentar el flagelo. Y fue solo a partir de 2003 -gobierno Uribe- cuando se inició el proceso de su sometimiento a la justicia.
Dichos grupos, además de contar con infiltrados en la sociedad y en la política tuvieron la osadía de penetrar casi todas las instituciones del Estado, incluyendo a un sector de la Corte Suprema de Justicia a cuyos magistrados cuidaban con lujosas atenciones y regalos millonarios.
Aquel proceso que originó la más grande desmovilización de una organización ilegal armada, fue aplaudido por la nación entera, pues se trató nada menos que de la desactivación de una estructura criminal que durante 30 años había anidado en extensas regiones del país. Fueron sometidos a la ley más de 35 mil “paras”, entre ellos, sus 14 máximos cabecillas. El gobierno había decidido no extraditarlos, confiado en que confesaran sus delitos, devolvieran los bienes que habían usurpado y, por supuesto, no volvieran a delinquir. Esta decisión fue utilizada por los malquerientes del Presidente, quienes insinuaron: ‘Uribe no los extradita para mantenerlos callados’.
Posteriormente, en 2008, el gobierno comprobó que los 14 cabecillas seguían delinquiendo desde la cárcel y no confesaban sus crímenes ni entregaban los bienes. Entonces, el Presidente tomó la decisión de extraditarlos. De inmediato, sus malquerientes, dijeron: ‘Con los “paras” Uribe extraditó la verdad’.
Ante la justicia de Estados Unidos entregaron sus declaraciones. Contaron sus atrocidades y delataron a cómplices y beneficiarios de sus delitos. Sin embargo, una vez Uribe dejó la Presidencia, los “paras” iniciaron la ‘venganza criminal’ bajo un supuesto engaño por su extradición. Fue cuando cambiaron las versiones, esta vez, ante fiscales colombianos amparados en una sombría colaboración con la justicia; tal como ocurrió con el mitómano García del Das. Hoy, toda persona cercana al expresidente Uribe, en especial altos funcionarios de su gobierno con la curiosa excepción del entonces ministro Juan Manuel Santos, son el blanco de novelas policiacas que salen de la imaginación siniestra de los extraditados.
La ‘venganza criminal’ se complementa con el accionar siniestro de aliados políticos de las “farc” quienes visitan a “paras” en las cárceles y se confunden en un solo abrazo para hacer causa común en contra del gobierno que los combatió con decisión.
Pero lo insólito e infame es que decisorios sectores de la justicia acogen sus versiones como ‘verdad revelada’. Si los “paras” o los aliados políticos de las “farc”, señalan a un funcionario del Gobierno-Uribe es suficiente para que éste sea enjuiciado y tildado de “delincuente de cuello blanco”. Mientras que Viviane Morales, por ejemplo, siendo fiscal confesó a los medios que había asistido a reuniones en Ralito y, con su marido, asesorado a los “paras”. Y nada ha pasado.
Así, la ‘venganza criminal’ avanza como un monstruo selectivo, bajo la mirada complaciente del gobierno y la connivencia de algunos miembros de la justicia temerosos ante la posible revelación de un oscuro entorno suyo escondido.
Twitter: @emaciastovar