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“Aunque hoy día el tercer mundo se está pauperizando, todavía produce algo y son cerebros. Y para hacer ciencia, se necesitan más cerebros que recursos materiales”
“Si la humanidad se vuelve filistea, es decir, si sigue el ejemplo de Reagan y de Thatcher, ocupándose solamente por las posibles aplicaciones especialmente a la guerra, entonces soy pesimista”. Mario Bunge
La entrevista culmina con sus aportes en torno al totalitarismo y las dictaduras militares vs la ciencia; la solidaridad latinoamericana; el científico y los señores de la guerra; la juventud y el progreso científico; y el futuro de la ciencia. Invito al lector a disfrutar y a ampliar los aportes del más importante epistemólogo de la ciencia latinoamericano, en sus textos, su obra escrita y en sus grabaciones en Google y YouTube.
Totalitarismo y dictaduras militares vs. ciencia. H.R. Quienes sabemos de su trayectoria y pensamiento, reconocemos en usted a un demócrata. ¿Qué peligros tienen para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, las dictaduras militares y los regímenes totalitarios?
M.B. La mayor parte de las dictaduras militares y por supuesto, todos los regímenes totalitarios, tienen una ideología bien precisa que incluye: una visión del mundo, una visión de qué es lo que vale y qué es lo que no; cuáles son los conocimientos verdaderos, cuáles son las doctrinas que hay que apoyar y cuáles son las que hay que perseguir. Cuando eso ocurre, se acaba la libertad de investigación. Y sin ella, sin posibilidad de buscar lo que a uno le interesa, no hay motivación. Así, lo que ocurre es que los investigadores dejan de ser tales, se convierten en burócratas o, mejor, se van del país. Los investigadores no toleran un régimen totalitario; no soportan un régimen que les imponga la manera de trabajar. Esto va reñido con la invención y con la creatividad que son características de la ciencia y de la técnica. Ello explica el gran éxodo de científicos de la Argentina. ¿Por qué quedan tan pocos y sólo han regresado algunos? Porque no tenían libertad ni posibilidades de seguir investigando. Porque su libertad estaba amenazada en cada momento: por golpes de Estado y por censura. Censura incluso de libros. Me acuerdo que en el año 1966 iba al Uruguay y cada vez que regresaba a la Argentina, los aduaneros me revisaban los libros y papeles que traía. Les preguntaba por qué me requisaban y me respondían: «Por la duda de que tenga propaganda comunista». Para ellos cualquier cosa puede ser propaganda comunista. Ese fue uno de los motivos por los cuales me fui.
La solidaridad latinoamericana. H.R. Se sostiene que desde nuestros procesos independentistas, salvo esfuerzos esporádicos, ha sido frecuente que un latinoamericano más otro latinoamericano sumemos cero. Frente a esa situación ¿qué importancia le da al fortalecimiento de nuestra conciencia solidaria?
M.B. Enorme. Hasta ahora, hemos estado mirando a Europa, a Estados Unidos y nunca nos hemos mirado a nosotros. Nos despreciamos diciendo que no podemos sacar nada de nuestra colaboración. Pero ya durante la guerra de las Malvinas, hubo algo muy interesante y fue la solidaridad de casi todos los países latinoamericanos para con nuestro país. No con su régimen militar porque casi ninguno de los gobiernos que la apoyaron en su conflicto con Gran Bretaña, eran partidarios de la dictadura. Pero entendían que había ahí una lucha con ciertas potencias coloniales y apoyaron las pretensiones argentinas. Aunque me pareció una locura la guerra, de todas maneras, la solidaridad fue conmovedora. Existen el Pacto Andino, que apenas funciona y el Convenio Andrés Bello. Desgraciadamente el primero en torpedear el Pacto, fue Pinochet al retirarse. Se quedó en el Convenio pero no hizo nada. Hace diez años fui en misión de las Naciones Unidas, para tratar de convencer al General Manuel Pinochet, que era el Director del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, para que colaboraran con el Convenio Andrés Bello, porque era necesaria la unidad de países andinos. Al general no le cayó bien eso, no le interesó para nada. Estaba pensando en una posible guerra con el Perú o con Bolivia. No salió nada de ello.
Tenemos problemas comunes y maneras de resolverlos. Por ejemplo, en ciertos lugares hay química teórica y en otros no. ¿Por qué no intercambiarlos? Hay productos, ¿por qué no volver al trueque ya que no tenemos dólares? ¿Por qué no hacer lo que hacen los brasileros? Ellos fueron los primeros en redescubrir, hace pocos años, el más antiguo de todos los métodos de intercambio: el trueque. Intercambiaron con Ecuador productos importantes. Por ejemplo, locomotoras por petróleo.
Habría que poner en práctica el gran plan del Mercado Latinoamericano Común, creado por mi amigo el gran economista Raúl Prebisch, desaparecido hace dos años. Creo que es preciso terminar con todas las barreras aduaneras y lanzarnos a ese mercado. Así como los europeos tienen el Mercado Común Europeo, también nosotros podemos realizar el nuestro.
Ahora se imprime mejor en Colombia que en Argentina. En una época, hace cincuenta años, se imprimía mejor en Argentina que en España. Hoy es al revés. Habría que incluir también a España, configurando un mercado común hispanoamericano.
El científico y los señores de la guerra. H.R. Una de las personas que usted más admira y reconoce como maestro en la Historia de la historia de las ciencias, es Albert Einstein. Pues bien, él sostuvo que: «Tengo especialmente en cuenta que hay un grupo pequeño, aunque determinado a actuar, en cada Nación, compuesto por individuos que sin tener en cuenta las consideraciones sociales y las limitaciones, considera la guerra como la fabricación y venta de armas, y simplemente como una oportunidad para aumentar sus intereses y autoridad personal».
«¿Cómo es posible que esta pandilla doblegue la voluntad de la mayoría que pierde y sufre con la guerra al servicio de sus ambiciones»? ¿Qué comentarios le suscita este planteamiento?
M.B. Como imagina, estoy tan perplejo como Einstein. Tampoco entiendo cómo es posible que los mercaderes de la muerte muchas veces alcancen poder político y nos tengan aterrorizados a cinco mil millones de seres humanos simplemente porque la fabricación de armas es el mejor negocio de la historia. Pero soy optimista. Por ejemplo, el Senado norteamericano no ha confirmado como Ministro de Defensa al señor John Tower, conocido agente de los fabricantes de armamentos, hombre que ganó millones como consultor en esa modalidad. Eso es muy importante.
Soy optimista. Creo que en los dos últimos años ha cambiado el panorama, creo que vamos al desarme nuclear, no por motivos morales sino principalmente por motivos económicos, porque el armamento nuclear está arruinando a todo el mundo. En forma directa, porque este armamento es muy caro e indirecta, porque existe la dedicación de muchos técnicos al diseño, mantenimiento y fabricación de armamentos, con el consiguiente deterioro de la industria civil. Eso es lo que ha llevado al desastre económico a la Unión Soviética.
Soy optimista. Creo que estamos en un comienzo de desarme mundial y a medida que aumenten las relaciones comerciales y turísticas en particular entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, van a hacer mejores negocios y se darán cuenta que, a la larga, la paz es mejor negocio que la guerra. Sobre todo cuando lo que está en juego no es meramente la vida de unos pocos millones de habitantes o la independencia de unas pocas naciones. Lo que está en juego es el futuro de la humanidad, el futuro de la biósfera.
Una de las cosas que habría que hacer es poner la industria de las armas bajo un estricto control estatal y finalmente, eliminar todo armamento ofensivo conservando solamente armas y ejércitos defensivos. Ahora bien, los ejércitos defensivos son mucho menos numerosos y costosos que los ofensivos. Por ejemplo, un cañón antiaéreo cuesta muchas veces menos que un bombardero. Con lo que cuesta un misil intercontinental, se pueden construir 125.000 casas, para familias de 4 personas. Así lo declaró el año pasado el Presidente de la Cámara de los Estados Unidos (1989).
La juventud y el progreso científico. H.R. Pensando en la juventud latinoamericana ¿qué sugiere para que ella aporte a nuestro proceso científico?
M.B. Que no se desanimen. Pese a las circunstancias políticas y económicas desfavorables que pueda haber, hay que seguir estudiando, trabajando e investigando. Incluso países modestos, con una ciencia muy joven, pueden hacer aportes importantes.
Aunque hoy en día el Tercer Mundo se está pauperizando, todavía produce algo y son cerebros. Y para hacer ciencia se necesitan más cerebros que recursos materiales. No es que no hagan falta laboratorios hoy. Pero como decía el gran físico Rutherford, el padre de la física nuclear, hablando de Inglaterra: “Puesto que no tenemos dinero, no tenemos más remedio que emplear nuestro cerebro”, comparando la situación de la comunidad científica pobre, a comienzos de este siglo, con la rica comunidad científica norteamericana, pues él hizo grandes trabajos con muy pocos medios. Lo mismo hizo Ramón y Cajal en España; hay que fomentar el ingenio, la imaginación ya que no tenemos dinero.
El futuro de la ciencia. H. R. ¿Cómo ve el futuro de la ciencia?
M.B. No soy profeta. No soy optimista ni pesimista al respecto. Creo que si la gente decide seguir investigando, va a encontrar cosas maravillosas. Pero si prosigue la decadencia científica que se inició hace un decenio, en el país más avanzado del mundo que es los Estados Unidos, en ciencia y técnica no van a quedar científicos en número suficiente ni con recursos adecuados y por lo tanto la ciencia va a seguir declinando. Esa decadencia se ha empezado a notar en la industria norteamericana. Ésta no es capaz de producir mercancías de la calidad japonesa o alemana.
Soy muy optimista si la humanidad decide seguir investigando, pues la ciencia progresará. Si la humanidad en cambio se vuelve filistea, es decir, si sigue el ejemplo de Reagan y de Thatcher, ocupándose solamente por las posibles aplicaciones especialmente a la guerra, entonces soy pesimista. La ciencia tendrá futuro, si las nuevas generaciones de políticos, de empresarios y de educadores deciden que lo tengan.