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El 9 de abril debe ser día conmemorativo de dolor nacional. Porque marca el inicio definitivo de nuestra tragedia fratricida nacional. Más que el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán fue el magnicidio de la paz.
La consigna absurda de exterminio del liberalismo está escrita. En noviembre de 1946, Jorge Eliécer Gaitán titula su editorial en Tribuna Liberal “No más sangre”: pide al presidente Ospina impedir la persecución de las autoridades, en 52 municipios, 10 departamentos. El país, en similar situación a la colonia y bañado en sangre, está servido para la agitación, ordenada por el Congreso Comunista reunido en Bucaramanga en julio de 1947. La C.T.C. ordena paros, huelgas, sabotajes, en ferrocarriles, petróleos, carreteras. Gaitán convoca la manifestación del silencio, para el 7 de febrero de 1948, y ante más de 50 mil perseguidos por el sectarismo, pide al gobierno “paz y piedad para la patria”. Finalizando marzo llega el cubano Fidel Castro. Viene a un supuesto Congreso de Juventudes Comunistas Latinoamericanas. Objetivo verdadero: sabotear la IX Conferencia Panamericana. El 3 de abril, en el Teatro Colón, es detenido junto con Rafael del Pino, por repartir panfletos “contra el colonialismo yanqui en América”. Gaitán, demócrata verdadero, rechaza presiones para apoyar el movimiento: “Yo no soy capaz de contribuir al desprestigio de mi patria, ni tampoco quiero obstruir la tarea, en que están empeñados todos los países de nuestro hemisferio”.
9 de abril: 1 de la tarde, 4 minutos y 46 segundos. Cae asesinado el caudillo liberal. La ira, la conflagración, y la muerte invaden el país. Fidel Castro está activo en el Bogotazo. Arenga, desde un balcón al norte de la Plaza de Bolívar, enrumba hacia el barrio de La Perseverancia… Como instruido agitador, días después, sale impune del país. Fiel a su ideología comunista, impone el régimen en Cuba, traicionando la revolución por la democracia.
Así empezó nuestra encrucijada actual de violencia, con intervención comunista. Con furiosos partidos políticos, recibiendo y devolviéndose inculpaciones: que los conservadores son tribus de asesinos, que los liberales hordas de bandoleros. Con dictadores como presidentes a sangre y fuego. Medios de comunicación, clero, centrales obreras, politizados.
Es que las vidas perdidas, olvidadas, el recorrido bárbaro, hasta llegar al estado actual de indiferencia por el dolor, la impunidad, la muerte, la corrupción, el secuestro o la desaparición, no merecen reflexión, un alto definitivo al culto humano, para comprometernos con la verdad, la justicia, la moral, la razón, la patria.
Isaac Vargas Córdoba. Bogotá.