El post Coronavirus

Pedro Viveros
17 de marzo de 2020 – 12:00 a. m.

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En un cambuche de poco espacio, apretujados por el temor a la muerte de las balas enemigas, los soldados europeos comenzaron a sentir un malestar inusual: fiebre alta, tos y mucha flema. Era la Primera Guerra Mundial (o la Gran Guerra) y la enfermedad era la influenza. 500 millones fueron los afectados y 50 millones los fallecidos en un mundo donde hasta la muerte llegaba tarde. Las víctimas en su mayoría fueron los jóvenes adultos.  Los especialistas se dieron cuenta tarde. Estados Unidos quiso evitar que se conociera su segunda ola pandémica surgida en 1918 en Camp Devens cerca de Boston. Como resultado, esta cresta fue devastadora y venció a más de 100.000 norteamericanos.

Hace 102 años no había vacunas para este mal, tampoco antivirales y los laboratorios no tenían conocimiento del virus. Se utilizó el único método sanitario natural y eficaz: buena higiene, aislamiento, cuarentena y cierre de teatros o sitios de aglomeración. En Nueva York fueron encarcelados ciudadanos que no se cubrían al toser. El presidente Woodrow Wilson se desmayó en una conferencia internacional y siempre se dijo que la causa fue el padecimiento mundial del momento. Era tal la vida en este período que España la bautizó como suya, porque pensaban que ningún otro país la sufría. Esta epidemia terminó en 1919. Se supo que el origen fue el H1N1, el cual deambuló por los aires 38 años más.

Esta calamidad cambió el mundo. Las investigaciones médicas fueron el centro de la actividad pública de los gobiernos. Se logró dar con el antibiótico y se dio origen a las organizaciones internacionales de atención sanitaria. Le gente dejó de asistir a sus trabajos, la mano de obra vigorosa estaba con el sufrimiento. El freno económico, social y político fue inconmensurable. Posguerra e influenza fueron el reto de todos los estamentos globales. Del aislamiento geográfico, la humanidad entendió que la recuperación era comercial, industrial, agropecuaria y financiera. Fueron los llamados “felices años 20”, hasta el crac bursátil de 1929 que originó otro tipo de enfermedad.

En 2020 se logró en tiempo record conocer el tipo de cepa de la amplia familia de este virus. Se focalizó su lugar de origen. La noticia la conoció el mundo en tiempo real. Es la primera pandemia que los humanos seguimos minuto a minuto: no solo sabemos el número de contagios y víctimas, también podemos saber las recomendaciones y acciones para resolver una de las crisis más complicadas en materia de salubridad que vive la humanidad. Desde que el Covid-19 apareció en un mercado en Wuhán, este tipo de Coronavirus ha retado a los científicos a controlarlo con los inmensos avances irrefutables de la ciencia médica del siglo XXI.

Los mandatarios del orden local, regional e internacional toman medidas para superar la crisis, de eso no hay duda. Primero la salud, es el mensaje vital. Sin embargo, vale la pena contemplar la posibilidad de que se logre conjugar un grupo de expertos de diferentes tendencias e ideologías para que entreguen un dossier al Estado colombiano de lo que deberíamos hacer luego de superada esta dura lucha actual.

Evitando el tarotismo, hay que confiar el futuro post Coronavirus a un grupo de conocedores no solo de la economía, sino a un equipo variopinto de disciplinas para que en tiempo prudente diseñe un camino para proyectar a Colombia y, porque no, a la región, donde adecuemos nuestro “cuarto de máquinas” para unas expectativas sociales, económicas y políticas que de una vez por todas nos hagan entender que no solo de la bolsa vive el hombre.

Por lo menos las imágenes satelitales muestran un respiro en lugares donde se detuvieron las fábricas, los aviones, los contenedores. No solo por culpa del Coronavirus las defensas del mundo no están altas. Ojalá lo entendamos y ayudemos a tener unos “felices años 20” en el siglo veintiuno, porque la quiebra la tuvimos en 2008.

@pedroviverost

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