Publicidad

Centralismo y Estado fuerte

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Leyendo un arrollador libro de Daron Acemoglu y James Robinson —Por qué fracasan las naciones: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza— encontré una teoría interesante que le presta gran importancia al proceso de centralización del Estado para implementar la igualdad frente a la ley y lubricar el desarrollo económico.

El ejemplo que ellos dan en la era del absolutismo inglés es el de la lucha contra la Iglesia Católica y la confiscación de sus tierras por Enrique VIII, que condujo a un fortalecimiento del Estado. Se debilitó así un enorme poder a favor de la nobleza que competía contra el del gobierno y que perpetuaba la desigualdad; además, el Estado recaudó importantes recursos económicos.

En la literatura histórica de Colombia, la sabiduría convencional informa que la Regeneración fue el régimen que produjo la necesaria centralización que Colombia requería para poder desatar su desarrollo económico y que el federalismo fue otro régimen contrario que conducía a la atomización del poder. Eso lo sostuvieron Indalecio Liévano Aguirre para la política y Darío Bustamante para la economía, éste aduciendo que la política monetaria expansionista fue acelerador del desarrollo económico. En mi obra Economía y nación hablo incluso de enfeudación producida por el federalismo, que les prestó demasiado poder a las élites locales que suponía terratenientes.

Visto desde esta nueva perspectiva el cuadro cambia significativamente: la separación de Iglesia y Estado que hacen los políticos radicales y la incautación de los bienes de manos muertas que mantenía la Iglesia por fuera de la producción resultaron en un fortalecimiento financiero del Estado, como lo evidencia el trabajo de Jaramillo y Meisel sobre la desamortización. Pero además concentraron más poder en el gobierno central, algo que el desordenado proceso de federalización neutralizó en parte. El crecimiento económico de Colombia fue satisfactorio entre 1850 y 1880 y las exportaciones se multiplicaron por seis. Los radicales intentaron implementar el impuesto directo sobre la propiedad, que fue exitoso en algunos de los estados soberanos, como Boyacá y Panamá, pero el nivel central estaba desentendido de este tipo de impuestos y sólo se fortaleció con el arancel que recaía sobre las importaciones.

La Regeneración hizo lo contrario: le devolvió poder a la Iglesia, que compitió contra el gobierno central; cada vez que éste implementaba políticas de modernización institucional y educativa, la Iglesia lograba neutralizarlas. El Estado se desentendió totalmente de financiarse con impuestos a la renta y menos a las tierras que eran monopolizadas y sacadas de la producción, dando lugar a la combinación de hombres paupérrimos rodeados por haciendas ubérrimas. El tamaño del Estado decreció relativamente y se colocó por debajo del 5% del PIB hasta tan tarde como 1934, cuando los liberales implementaron un modesto impuesto a la renta. Sólo en los años ochenta, el gobierno alcanza a morder 10% del PIB, algo que por contraste el estado inglés había logrado antes de 1700.

Hasta hoy en día, que el Estado maneja un 23% del PIB, la tierra sigue sin gravarse, pero en cambio las nóminas se recargan con parafiscales y con la totalidad de las contribuciones a salud y pensiones. Habría que calcular cuánto desempleo e informalidad causó esta tributación irracional y qué tan importante freno fue para la industrialización y el progreso del país.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido