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La salida de la crisis

Martín Vivancos, profesor de mercadeo de la escuela catalana de negocios EADA, asegura que se necesita un cambio de mentalidad para resurgir tras el colapso del sistema financiero internacional que se originó con la crisis de crédito de 2008. Propone la ecuación -C x (I+E)2.

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Las cosas complejas normalmente son más sencillas, aunque seguramente nuestra actual coyuntura económica no debe de ser así. Es más complicada de lo que parece, por lo que cualquier intento de simplificarla puede convertirse en un acto aparentemente temerario. Aceptando el riesgo, me van a permitir la osadía de presentar una alternativa simple (que no sencilla) para intentar solucionar algo tan complejo, aunque sencillo de definir, como es nuestra actual situación económica y de competitividad empresarial y profesional.

Para ello, he seguido la tendencia del creador de la red Cybersyn, Stafford Beer, en la búsqueda de procedimientos reductores de complejidad de un problema para llegar al logro de una solución “aparentemente” simple. Esto me ha llevado a reducir a una fórmula aquellos factores a gestionar que son susceptibles de ser los solucionadores de la actual coyuntura.

Hace unos meses tuve el placer de escuchar al eminente sociólogo Amando de Miguel. Apuntaba que cualquier salida de la crisis supone, ante todo, y creo que antes que todo, un cambio de mentalidad. Necesitamos una nueva “neurogénesis”, necesitamos producir un tejido neuronal nuevo producto de una distinta forma de pensar.

En este sentido, estoy convencido de que si no cambiamos nuestra manera de interpretar la realidad y su problemática, no se entenderá que hay que trabajar con toda nuestra potencialidad para obtener unos resultados no ordinarios (es decir, extraordinarios), acordes con la situación.

Este cambio de mentalidad es el que permitirá entender que sin Esfuerzo (E) no hay logro, no hay performance, ni alto rendimiento, ni competitividad profesional ni empresarial. Muchos directores comerciales convendrán en que actualmente hay que realizar el 20% más de gestiones para facturar lo mismo que antes o, incluso, 20% menos.

Aunque no sé si se nos ha quedado algo de esta cultura del esfuerzo después del periodo de bonanza económica del que venimos. La historia nos transmite un mensaje de total esperanza al mostrarnos de qué manera países como Alemania o Japón fueron reconstruidos gracias a esta mentalidad después de los conflictos bélicos mundiales que los arruinaron.

Al esfuerzo se le debe sumar la Innovación (I), un camino hacia una búsqueda por ser mejor y diferente, una vía para el desarrollo de nuestra competitividad.

Si hacemos lo mismo, sólo podemos esperar los mismos resultados. En la actual coyuntura no hay espacio ni tiempo para ser más de lo mismo, para no ser diferente. Porque si no eres diferente, eres simplemente indiferente.

Observemos la publicación del ranking europeo de innovación 2010 realizado por el Maastricht Economic and Social Research Training Centre in Innovation and Technology en el caso de España: ocupa el puesto 18 entre los 27 países de la Comunidad Europea. Una posición por debajo de la media europea y que lo sitúa en el grupo de países denominados “moderadamente innovadores” y donde se destaca como debilidad propia la insuficiente inversión de las empresas en innovación.

En este sentido, la encuesta del Instituto Nacional de Estadística de España indica que en el año 2009 la innovación representaba el 2,2% de la cifra de negocios de las empresas que lo hacen. Innovación y Esfuerzo (I+E)² es un binomio a elevar al cuadrado, ya que son dos factores que sumados tienen un efecto multiplicador.

Pero posiblemente, lo que mejor se ha entendido en la presente coyuntura es que había que disminuir los costos (-C), especialmente los fijos, los estructurales superfluos. Una revisión exhaustiva de los recursos y procesos permite una optimización orientada a conseguir una mayor eficiencia.

Muestra de ello es la medida anunciada por el Reino Unido de prescindir de 500.000 empleados públicos en los próximos cuatro años. Una decisión que aplicada a la revisión estructural de cualquier organización se orienta a quitar “la grasa”, lo innecesario o superfluo de una organización con objeto de dejar el “músculo” o lo nuclear, lo importante, la esencia y el soporte del core business de la empresa.

Posiblemente la salida de nuestra actual coyuntura no responda a ninguna fórmula exacta. La que yo propongo, aunque sencilla, se me antoja de difícil aplicación. Aunque si queremos saber si funciona… sólo tenemos que probarla.

 *Profesor EADA.

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