Líos entre vecinos: la riña que terminó en una condena por homicidio

La sentencia 17 años de prisión a un individuo que le quitó la vida a un vecino, en un barrio de Usme, porque no le bajó el volumen al equipo de sonido, evidencia que este tipo de problemas, priorizados por el Código de Policía, son cada vez más frecuentes.

Los hechos ocurrieron en agosto de 2014 en el barrio Alfonso López de Usme.  / Archivo El Espectador
Los hechos ocurrieron en agosto de 2014 en el barrio Alfonso López de Usme. / Archivo El Espectador

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Transcurrieron tres años y medio para que la justicia condenara a Juan Sebastián Cano Valenzuela, un hombre de 22 años, que en un acto de intolerancia asesinó a su vecino, sin importar que estuviera presente su hijo de seis años. El detonante del crimen: la víctima no le bajó el volumen a la música.

Este miércoles, el Juzgado 44 de Conocimiento de Bogotá, en una diligencia a la que sólo asistieron los padres de la víctima, finalmente condenó al agresor a una pena de 17 años y dos meses. A pesar de que en este caso se hizo justicia, el paradero del condenado aún es un misterio.

Los hechos se remontan al sábado 9 de agosto de 2014, cuando Eduard Alexánder Guerrero Fernández, un conductor de bus de servicio público, quien llevaba dos meses viviendo en el barrio Alfonso López, de la localidad de Usme, dedicó su día de descanso a hacer oficio en su vivienda. Al caer la tarde se reunió con una amiga en el portón de la vivienda y prendió el equipo de sonido, mientras departían alrededor de unas cervezas. Los vecinos reconocen que los fines de semana suelen poner música a todo volumen hasta la madrugada, pero que pocas fiestas termina en homicidios.

En ese momento, según el fallo, Cano Valenzuela llegó hasta la casa del conductor -en la calle 97 sur con carera 6-, golpeó la puerta y le exigió “de manera soez” a Guerrero Fernández, de 36 años, que le bajara el volumen a la música. La víctima, que tenía una botella de cerveza en la mano, se negó. “No entiendo, el volumen está bajito. No le veo nada de malo”, dijo la víctima. Cano le insistió que le bajara. “Los dos fueron groseros y yo me metí y Sebastián me botó al piso”, agregó la amiga del conductor, quien fue testigo del crimen.

La investigación indica que los dos hombres se trenzaron en una riña luego de que Guerrero Valenzuela le diera un puño en el pecho que dejó a Cano en el suelo. “Él se resbaló, cayó y lo cogió a patadas”, indicó el hermano del agresor, quien observaba la zambra desde un segundo piso. De un momento a otro, Cano Valenzuela sacó un arma blanca y atacó a Guerrero Fernández. Lo hirió en dos oportunidades en el tórax y emprendió la huida. Un amigo de la mujer se acercó para tratar de auxiliar a la víctima. Inicialmente, ella sólo observó unas pequeñas heridas en el pecho, pero al ver que estaba pálido, empezó a gritar hasta que un grupo de personas de acercó para levantarlo y llevarlo al Cami de Santa Librada, a donde llegó sin signos vitales.

Minutos antes, según el testimonio de Marlene Valenzuela, mamá del atacante, ella le dijo a Cano que tenía un dolor de cabeza muy fuerte y que el ruido no la dejaba dormir. Él le habría dicho que iba a hacer el reclamo, pero ella le pidió que no fuera. Su relato indica que bajó corriendo, cruzó la calle y se acercó a Guerrero Fernández. A pesar de que su abogado trató de justificar la agresión por tratarse supuestamente de un caso de legítima defensa, el despacho en el falló consideró que Cano Valenzuela “sabía de la ilicitud de la conducta, porque pretendía lesionar la humanidad de la víctima”. El día de los hechos, Valenzuela fue capturado y, posteriormente, quedó en libertad cuando el juez de garantías consideró que su detención no fue en flagrancia. Desde entonces está prófugo de la justicia.

13,2 % de muertes, en medio de riñas

Las riñas entre personas que ni siquiera se conocen son cada vez más frecuentes en la ciudad. De los 1.150 homicidios registrados en Bogotá el año pasado, 152 fueron en medio de riñas. Por esta razón, en el Código de Policía, que entró en vigor hace un año, las riñas y las actividades con ruido excesivo se encuentran entre los seis comportamientos priorizados en Bogotá, debido a su recurrencia en los reportes en el Centro de Comando y Control de la Policía.

Frente a las riñas, las autoridades están en la capacidad de imponer medidas correctivas y en el caso del ruido, la Policía está autorizada para apagar los dispositivos que generen molestias entre los vecinos. De hecho, las autoridades les recomiendan a los ciudadanos no confrontar a quienes tienen sus equipos de sonidos a un alto volumen, sino que reporten el incidente directamente ante la línea 123. En ese caso, una patrulla de la Policía acudirá hasta el punto y les pedirá a los ciudadanos que bajen el volumen de manera voluntaria. De no hacerlo, además de desconectar la fuente de energía, pueden imponer comparendos y exigir el cese de la actividad.

Casos recientes

En octubre pasado, una mujer denunció que fue brutalmente golpeada en el barrio La Candelaria, en el centro de Bogotá, cuando le pidió a su vecino que le bajara al volumen del equipo de sonido, que no la dejaba dormir. Según indicó, el hombre la golpeó en múltiples oportunidades en el rostro y pese a que acudió a la estación de Policía, no pudo interponer la denuncia debido a que el sistema presentaba problemas. 

En otros hechos, esa misma semana, en el barrio Robledo de Medellín (Comuna 7), un hombre identificado como Alejandro León Londoño Espinosa, de 39 años, fue atacado con arma blanca cuando le pidió a otro ciudadano que le bajara el volumen a la música que escuchaba. El presunto atacante fue capturado, pero no aceptó los cargos.

Caso Manotas Char, sin domiciliaria

En 2016, la justicia condenó a David Emanuel Manotas Char a 17 años de prisión y a pagar una millonaria indemnización por haber asesinado a su vecino en 2013. El caso ocurrió en el apartamento 304 de un edificio ubicado en la calle 105 con carrera 17, en el norte de la ciudad, donde Francisco José Cifuentes le pidió a Manotas que le bajara el volumen de la música. Sin embargo, Manotas lo atacó 22 veces con un arma blanca y después lo lanzó por una ventana.

Manotas Char, de 44 años, permanece recluido en la penitenciaría La Picota, desde donde ha invocado que se le conceda la prisión domiciliaria, pero el Juzgado 26 de ejecución de penas le negó en diciembre pasado esta solicitud. Aunque Manotas indicó cuando fue capturado que no padecía de una enfermedad mental, desde 2017 le ha pedido a Medicina Legal que establezca su estado de su salud en ese sentido.

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