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Malí, una tragedia ignorada

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Colombia ha sido un país tradicionalmente aislado de la política internacional, y por ello no parece extraño que sean pocas las noticias que nos lleguen desde el continente negro. Pero aun así es decepcionante la nula mención en las noticias locales del trágico golpe de Estado llevado a cabo hace poco en Malí.

Malí es un país de características únicas. A pesar de estar situado tanto en el África negra como en el mundo musulmán, había logrado evadir por mucho tiempo el trágico destino dictatorial que tanto agobia a ambas regiones. Y sin embargo el pasado 22 de marzo se dio la noticia de que el presidente Amadú Tumani Turé, un hombre que iba a dejar el poder tras las elecciones de abril de este año, se vio obligado a renunciar por los caprichos de un Ejército que decidió que sus propios intereses primaban sobre la vox populi de su nación.

Es un giro irónico que mientras el resto del mundo musulmán vira hacia una era de democracia, Malí sufra el flagelo de un nuevo gobierno autoritario, como tantos otros que plagan África.

Johann Lobo. Barranquilla.

Ignorancia

Esta semana se han completado cuatro universitarios muertos por el mal uso y mal manejo de explosivos. En Suba y en Tunja, las familias lamentan la muerte de sus hijos y hermanos, y sus compañeros de clase estarán preguntándose quiénes eran esas personas que se sentaban a su lado en un aula y después resultaron muertas de esta forma. No es la primera vez. En la Universidad de Antioquia han muerto varios estudiantes en circunstancias similares, otros han sufrido amputaciones y otras lesiones, y en Cali la muerte de uno de ellos quedó filmada. En cualquiera de los casos queda la profunda preocupación de activistas metidos a terroristas, de guerrilleros infiltrados o de personas idealistas e ignorantes que creen que unas cuantas papas bomba, que supuestamente no matan a nadie, son eso: no letales. El hecho es que los explosivos son letales. Y el hecho es que no hemos podido erradicar de las universidades (públicas) el bajo lenguaje de las papas bombas y los petardos. Los rectores no llegan ahí por querer encarar estos problemas o por tener ideas para resolverlos. Llegan ahí por politiquería rasa y llana como acaba de pasar en la U. de Antioquia. Y, por ende, no hay quien emprenda acciones reales, educativas y de carácter político para acabar con el no lenguaje de las explosiones como protesta. Mientras tanto, guerrilleros o activistas ignorantes y desorientados seguirán produciendo estas víctimas año tras año.

Nelson Vanegas. Medellín.

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