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El presidente Duque se levantó hoy más contento que un marrano estrenando lazo quizque porque le fue súper con Donal Tron, que hasta lo felicitó por ser un chico “very obedient”.
Mientras Tola le batía el cacao, yo le puse conversa: ¿Si vites pues Ivancho esa noticia del cargamento que cogieron de aguacates jass con la pepa de pura cocaína?
Yo creo que los colombianos me están entendiendo mal la economía naranja, tía. Sería una machera que esa creatividá estuviera al servicio de un emprendimiento.
Pues lo que hicieron los berriondos narcos fue precisamente emprender un injerto de mata de coca con palo de aguacate —dije yo—, y sacaron una variedá de aguacate relleno de perico: el pericate.
A mí sinceramente me dio pesar que los pillaran —dijo Tola—. ¿Cierto Iván que ese cargamento tan creativo debió “coronar”? No me parece justo que toda esa inventiva se eche a perder pendejamente.
Sí señora —dije yo—, la justicia no debería encanar a esos científicos ilegales sino apoyalos pa que sigan investigando y le cumplan el sueño a los paisas: aguacates que en lugar de pepa traigan arepa.
Oites Iván, ajusto varias noches desvelada pensando en cómo diablos estos vergajos narcos le metieron la cocaína a los aguacates, y siempre llego a la misma conclusión: ¡Eh, no me crean tan aguacate!
Y yo a veces me pongo a imaginame cómo serán las lluvias de ideas de los mafiosos cuando se juntan a pensar en nuevos métodos pa llevar esa cosa —dije yo—, y me figuro al traqueto católico proponiendo rellenar de polvo la estatua de la Virgen.
Los hijuemadres narcos han probao mandar droga en toda clase de frutas: piñas con el corazón blanco, cocos que no llevan por dentro agua sino cocaína líquida, guayabas con gusanos blancos sospechosos… no falta sino que usen guamas.
Eh, digan lo que digan, pero los colombianos son muy ingeniosos pa mandar droga. ¿Te arrecordás Tola ese cargamento de relojes de arena que iba pa Suiza y cuando la policía preguntó que por qué tan blanca la arena, los narcos contestaron que porque era de las playas de San Andrés?
Claro, y a mí nunca se me olvida la vez que cogieron una mula que llevaba la cocaína empegotada en la cara y le esplicó a la policía, por señas, que iba pa un encuentro internacional de mimos.
O la narcovieja que tenía las prótesis mamarias rellenas de cocaína y cuando la pillaron se hizo la asombrada quizque porque la leche se le volvió en polvo. ¡Es que con estos calores!, dijo la muy conchuda.
O la vez que agarraron una mula que llevaba cocaína pa Italia y cuando la policía le preguntó qué era ese polvo blanco, dijo muy fresco que era maicena pa tirar en el Carnaval de Venecia.
Ivancito, dejá de ser tan regalao con ese atarbán de Donal Tron y mejor cogé a los ingenieros que hacen los narcosumarinos y les das el premio nacional de innovación.
Ay tías, mejor dejen la guachafita y me ayudan a pensar cómo me salgo de este berenjenal en que me metió mi difunto amigo y copartidario el Ñeñe Hernández.
Sumercé tranqui, Ivancho —le dijo Tola acariciándole los crespitos—, que eso no pasa de ahí. Ránchese en que un político se toma fotos con el perro y el gato y que usté conoció al Ñeñe cuando era apenas un polémico empresario.
Pero tías, yo lo invité a mi posesión —dijo reprimiendo un puchero. En ese caso, Iván, lo único que te puede salvar es que te dé coronavirus.