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En una ciudad donde la renovación urbana ha funcionado mal, pero sigue ligada a un sueño de desarrollo y modernidad, es de celebrar que el alcalde Petro hable de revitalización del centro.
En lugar de arrasar con el patrimonio construido existente —como lo hace la renovación—, la revitalización supone la reutilización de éste en beneficio de quienes lo habitan. El estudio del caso de São Paulo puede ser útil a los propósitos de la actual administración de Bogotá, aun con sus limitaciones.
Por años, las políticas públicas en el área central de esa ciudad se redujeron a la problemática de los inquilinatos. Desde la década de los 90, si bien se atiende esta línea de acción con metas ambiciosas se promueve también la vivienda en el centro. En el año 97, los movimientos populares que reivindicaban el derecho a vivir en el centro ocuparon 30 edificios de buena factura, en los cuales se acomodaron cerca de 3.700 familias. Alegando su derecho a una morada digna, lograron el mejoramiento de sus inmuebles y presionaron el diseño de un plan de conjunto.
Según Helena Menna, la Operación Urbana Centro surgió como un instrumento para atraer emprendimientos en el área central encaminados a la renovación urbana, la demolición y el reemplazo de edificaciones. No hubo ventaja alguna para la reforma, la rehabilitación o el reciclaje. Sin embargo, la Asociación Viva el Centro jugó un papel decisivo en incluir el área en la agenda del gobierno y en la discusión académica. En el año 2000, el Laboratorio de Habitación y Asentamientos Humanos de la Universidad de São Paulo discutió una política habitacional para el centro, que consideró la reutilización del patrimonio cultural edificado.
El plan Reconstruir el Centro” (alcaldesa Suplicy, 2001-2004) tuvo, entre otros empeños, la adecuación de la legislación urbanística para garantizar el carácter público de la intervención y la llegada de nuevos emprendimientos, ya no dedicados a la renovación devastadora sino convenientes a las características socioculturales del territorio céntrico. Uno de los programas era Morar el Centro. Se trataba de un conjunto articulado de intervenciones apoyadas por instrumentos urbanísticos y tributarios. El programa contó con subprogramas (Arrendamiento Residencial, Renta Media, Localización Social, Carta de Crédito Municipal y Morada Provisional), y éstos, con asignaciones presupuestales específicas y herramientas que permitieron mostrar resultados concretos. Las protestas de los residentes impidieron que el intento de cambio de norte progresara por mucho tiempo.
Numerosos bogotanos piensan que hacer vivienda social en el centro es lo mismo que fabricar cajas de fósforos y bloques anodinos que levantan anticiudad en la periferia. Aunque desconozco los detalles del proyecto de Petro para el área céntrica, pienso que la administración tiene con quién entender que se trata de una delicada cirugía, que obliga a considerar elementos de forma urbana y construcción amable de ciudad.