Helenita Vargas, dueña y señora del despecho

El despecho tiene ese barniz incómodo del engaño, pero en Helenita Vargas (03/03/1934 – 07/02/2011) ese halo se transforma en sinceridad. Hoy recordamos a la artista con este texto publicado el 24 de enero de 2011, unos días antes de su muerte.

Helenita Vargas murió el 7 de febrero de 2011 en Cali.
Helenita Vargas murió el 7 de febrero de 2011 en Cali.

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Cuando el humorista Camilo Cifuentes, algo asustado, compartió con Helenita Vargas su imitación se esperaba un sonoro regaño acompañado con una de esas palabras de grueso calibre que con tanta facilidad afloran de la boca de la artista, pero se encontró con un par de indicaciones cariñosas para hacer de esta exageración un homenaje.

Aproximar con la lentitud de un bolero la mano a la mandíbula, mantenerla ahí por unos segundos y con elegancia dejarla descolgar. Lo demás era del completo gusto de La Ronca de Oro, desde el vestuario y las joyas hasta la manera enfática de mover la cabeza, sobre todo cuando llegaba el momento de cantar la estrofa: «Es el fiel prototipo de cinismo y de rencor/ usted es una copa que guarda veneno en vez de licor«, en Señor, una de sus canciones de mayor reconocimiento.

Con el mismo desparpajo con el que le habló a su imitador en ese entonces en vía de consolidación, Helenita Vargas (cuyo verdadero nombre es Sofía Helena Vargas Marulanda, pero quien le diga así debe ser consciente de que está firmando una guerra sin cuartel) se enfrentó a la estrella mexicana Agustín Lara para decirle: “Yo quiero cantar”. En aquel momento ella tenía 16 años y no sabía muy bien que el día había llegado, porque allí cantó no de la misma forma en que lo había hecho desde antes de ir a la primaria, sino con entrega, con pasión y, sobre todo, con muchos nervios. Ese mismo sentimiento se repitió cuando compitió por la corona de Cali, como antesala del Reinado Nacional de la Belleza, pero con una novedad, porque además del susto que le producía subirse a un escenario, sintió pena de que la vieran desfilar de ida y ahí supo que su belleza no necesitaba una corona diferente a la del favoritismo de quienes decidían oírla.

Escuchar a Helenita Vargas es entender que las fronteras entre la música son simples ideas que se van al traste en un segundo. En sus conciertos aparece la gran influencia mexicana con trompetas agudas y bajos cadenciosos que les dan paso a los aires más tradicionales del folclor del interior de Colombia con cuerdas afinadas, tal como se aprecia en sus interpretaciones al lado del reconocido guitarrista Gabriel Rondón. El tiempo que te quede libre y Propiedad privada, dos de los clásicos que se han hecho inmortales gracias a la voz de la llamada Ronca de Oro, son piezas ejecutadas casi que con la misma mística con los que se cantan los temas del maestro Jorge Villamil. Pero además de convocar a México y Colombia, Helenita Vargas siempre hace una mención especial al tango y no en vano afirma: “Es que no se les olvide que yo soy arrabalera”. Y así es, esta mujer es del pueblo, a pesar de las altas esferas de la vida política que la han arropado desde que por primera vez el periodista Lázaro Vanegas la llamó La Ronca, hace más de tres décadas.

Tal vez la canción que más identifica el sonido de la artista es María de los guardias, en la que dice: “No es cosa de que me las pique/de ser de la guardia la reina y señora/pero mi primera rasca/la chupé chiquilla de una cantimplora”. Eso lo confiesa Helenita Vargas asumiendo el papel de María, pues mucha de su puesta en escena siempre se ha basado en la actuación, pero con esa misma claridad asegura que fue bohemia y que hasta cuando se lo permitió su salud, se tomó un brandy antes de conquistar al público. “Pero eso sí, borracha nunca me monté a una tarima, porque con el trago se pierden reflejos y una cantante siempre debe saber reaccionar”, comenta con una sinceridad ajena a su estilo musical, pero propia de una artista que no se anda con razones, razones.

Algunas canciones célebres para recordar a Helenita Vargas

«María de los guardias»

Yo soy la María María no ando con razones razones llevo por mi cuenta y en mi cuenta cinco batallones.

«Señor»

De mis desengaños todos estos años es testigo Dios Usted es un mal hombre sin nombre, señor Usted es un canalla que abandona sin razón.

«El tiempo que te quede libre»

Atiende preferente a toda esa gente que te pide amor. El tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí.

«Que nadie sepa mi sufrir»

Amor de mis amores dueño mío que me hiciste que no puedo consolarme sin poderte contemplar.

 «De siete a nueve»

Te amo pero tengo que cumplir con mi destino no se puede desandar por el camino ni podemos empezar por el pasado.

«No te pido más»

Me estoy desesperando pero te sigo esperando, ya no seas así. Como quisiera que me comprendieras y que al fin sintieras lo que yo por ti.

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