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Desarraigados echando raíces

Un modelo de reactivación económica para población desplazada se implementa en cuatro regiones.

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El Programa Especial Desarraigados incluye planes productivos que beneficiarán a 1.810 familias,  en Bucaramanga se atenderán 230. Esta es una iniciativa de Acción Social, la Unión Europea y Cooperación Internacional.

Un país con una violencia más vieja que los vivos, que ha pegado con toda su fuerza en las zonas rurales, tiene como legado millones de desplazados. Gente que ha llegado a los centros urbanos a revivir, a renacer, a olvidar, a crecer. Es el rostro de esa violencia de la que huyen, de la que huyeron. El desplazamiento, una de las tristes herencias de esta guerra, se ha convertido en una trashumancia eterna que recuerda los avatares del pueblo gitano, mientras que los centros urbanos devienen en el nuevo escenario de la vida y el correr de pasos que vienen y se van.

Un plan piloto para la atención a población desplazada se está gestando en Santander, Sucre, Huila y Córdoba. El proyecto, denominado Desarraigados II, beneficiará a 1.810 familias. El programa adelanta su segunda fase y es financiado por la Unión Europea, la Agencia Presidencial para la Acción Social y Cooperación Internacional. Vivienda digna, generación de ingresos y formación de organizaciones sociales son las tres áreas en que se está aplicando esta nueva metodología para atender a los dolientes de esta guerra.

Canalizando los subsidios que se le entregan a la población desplazada, tanto en el orden nacional, como departamental y municipal, se busca que estos recursos se conviertan en proyectos sostenibles de largo plazo. Se trata de un primer paso para que estas familias superen y se sobrepongan a la dolorosa experiencia de haber sido golpeadas por esa violencia que ha dejado un rastro de dolor en muchas regiones de este país.

La primera fase de este plan piloto se desarrolló durante 2007 y 2010, periodo durante el cual fueron beneficiadas 3.720 familias de Nariño y el Valle del Cauca. Hoy, en el área metropolitana de Bucaramanga, Santander, este programa empieza a echar raíces y busca mejorar la vivienda de 175 familias así como entregar 45 casas nuevas. Asimismo, espera dejar las bases firmes de un sinnúmero de proyectos productivos que les brinden a los beneficiados una posibilidad económica. En el fondo, una de las principales herramientas de esta iniciativa es la consolidación de un tejido social fuerte y solidario entre aquellos hermanos de infortunio, esos que han padecido la realidad violenta de nuestro país.

Deshidratando frutas

La Corporación Buen Ambiente (Corambiente) es la entidad que ha venido gestionando y administrando los recursos de uno de los proyectos de Desarraigados II. Esta entidad ha agrupado 45 familias con el fin de brindarles un ambiente de vida  digno para que sus 175 miembros puedan sembrar las raíces de una nueva vida.

“Bucaramanga es un receptor de desplazamiento por ser un corredor de la guerra: del Magdalena Medio hasta Córdoba, desde Arauca hasta Cúcuta. Aquí hay cerca de 170.000 desplazados”, explica Luis Carlos Estupiñán, director de Corambiente.

Esta fundación ha recogido los apoyos que le han asignado a la población desplazada y vulnerable para construir un barrio —45 casas— y una planta deshidratadora de frutas y hortalizas en el municipio de Floridablanca.

“Las cartacheques para el subsidio de vivienda nunca podían ser utilizadas, nadie las aceptaba o no cubrían el costo de la casa. Lo mismo pasaba con los proyectos productivos, que nos convertían en un vendedor ambulante más”, sostiene un beneficiario. “La tramitomanía nos tenía mamados: que si quiere el auxilio humanitario vaya allí, luego que vaya allá, que lleve esto, que le falta aquello, que la cuenta de banco, que el NIT, que el RUT y al final nada de nada”, cuenta indignado don Alfonso, otro beneficiario.

El costo total del complejo habitacional es de $1.700 millones, y el pasado 18 de diciembre fueron entregadas las primeras 16 viviendas. El proyecto de Floridablanca, más que una solución a los problemas de empleo y de vivienda de una población golpeada por la violencia, es en realidad los cimientos de una nueva vida: la que tiene el rostro de la dignidad, el de esta gente echando raíces en nuevo suelo.

Una esperanza con alma de mujer

La Fundación para la Promoción de la Cultura y la Educación Popular (Funprocep) trabaja con población que ha sufrido los embates de la violencia. En Bucaramanga, a través de la Red Esperanza, la fundación ha desempeñado una importante labor con cerca de 400 mujeres cabeza de hogar —desplazadas y en condición de vulnerabilidad— en la formación de nuevas líderes así como en proyectos productivos.

Las historias de las mujeres que están vinculadas a esta red son el reflejo de los más de 50 años de conflicto armado en Colombia. Vienen de todas partes, con toda suerte de heridas, cargando con sus muertos, sus sonrisas y sus dolores. Son mujeres que han vivido la guerra y hoy han iniciado un proceso de reconciliación, de recuperación personal y social.

En un salón comunal del barrio Café Madrid se reúnen las mujeres de la red. La fundación ha enfatizado en la formación de líderes y la generación de ingresos, que se organizan en cinco unidades: confección, calzado, alimentación, servicios y comercialización. Las historias desgarradoras de estas mujeres se han convertido en un fuerza vital que las empuja por un nuevo camino.

“Me siento orgullosa de las mujeres que trabajan aquí. Hemos luchado mucho y vamos a seguir luchando hasta que podamos ayudar a otras como nosotras. Aquí, con ellas, que han vivido historias parecidas a la mía, las hemos podido hablar y me he ido curando poco a poco”, cuenta Yizeth Ortega, una joven de 24 años desplazada de San Alberto, Cesar.

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Todas han conocido la verdadera cara de la guerra, todas han vivido la discriminación del recién llegado, pero todas, también lo tienen en común, han salido adelante; hoy tienen pequeñas microempresas, se encuentran buscando nuevos caminos, nuevas formas de trabajo comunitario y todas han ido echando raíces, las raíces de los desarraigados.

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