El tren de la paz y el pesimismo del ELN

Aunque esa guerrilla insiste en que los esfuerzos por la paz de Colombia no deben frenarse, advierte que esa meta no puede ser a cualquier precio, insiste en la participación activa de la sociedad y cuestiona lo que considera es la carencia de voluntad por parte del «establecimiento», que aleja cada día más la paz real.

El ELN asegura que sigue con voluntad de paz.  / Archivo
El ELN asegura que sigue con voluntad de paz. / Archivo

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En un comunicado público difundido a través de Internet y firmado por el llamado Comando central (COCE), el ELN fija postura tras el proceso de dejación de armas de las Farc y aunque reitera su voluntad de seguir dialogando con el Gobierno para buscarle una solución política al conflicto armado, al mismo tiempo cuestiona la postura guerrerista de lo que denomina el “régimen” y las múltiples interpretaciones que muchos analistas hacen en el sentido de que en estos momentos están dadas todas las condiciones para que la insurgencia renuncie a la lucha armada para entrar a la política legal.

“Esta visión sesgada, en algunos casos improvisada y en otros malintencionada, persigue dos objetivos: en primer lugar, legitimar el régimen oligárquico y su democracia representativa como proyecto viable para el pueblo colombiano y, en segundo lugar, desdibujar el carácter político de la insurgencia y en especial presentar las posiciones políticas del ELN como impertinentes y dogmáticas. La idea de un país montado en el tren de la paz no se corresponde con la realidad de la cotidianidad colombiana y menos que el puerto de llegada de dicho tren sea la actividad política legal para la insurgencia y el movimiento popular en la disputa por el poder político”, dice el mensaje dado a conocer a través de la revista Insurrección, órgano de difusión del grupo guerrillero.

Para el COCE, hay un evidente desencuentro de intensiones en la búsqueda de la paz, pues mientras por un lado la insurgencia y la sociedad la ven como la oportunidad de «abrir las compuertas de la democratización, como punto de partida para construcción de una nación en paz y equidad, por otro, el régimen se abandera en la pacificación como medio para conseguir el desarme de la insurgencia y desatar la feria de entrega de todo el territorio nacional a los capitales extranjeros, así como la pretensión de llevar la insurgencia a que renuncie al derecho de rebelión”.

Y, en este sentido, considera que las últimas movilizaciones y protestas adelantadas por diversos sectores en el país -como el paro de maestros o los paros cívicos en Chocó Y Buenaventura- demuestran la falta de palabra y compromiso del Estado para cumplir lo pactado. “A esta larga lista de incumplimientos se le suma la reciente preocupación de los integrantes de las FARC, que como mencionó ‘Jesús Santrich’, miembro del Estado Mayor Central de esa organización en recientes declaraciones,  luego de creer en la palabra del Gobierno se les está incumpliendo, augurio de que una paz verdadera no está en la voluntad del régimen y muy mal presagio para el proceso con el ELN”.

Para esa guerrilla, “una condición ineludible para montar a Colombia en el tren de la paz es la renuncia irrevocable por parte del Estado al uso de la violencia legal e ilegal como política para mantenerse en el poder, situación que no trasciende de la retórica, pues de todos es conocido el contubernio de los políticos, funcionarios de gobiernos, las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares para la acción contra-insurgente, el despojo y saqueo de los territorios. Así mismo lo demuestra el creciente paramilitarismo en las zonas dejadas por las FARC o el reciente escándalo de corrupción y parapolítica en la Fiscalía General de la Nación”.

Por último, tras su andanada de críticas y pesimismo, el COCE señala que los esfuerzos por la paz de Colombia “no deben frenarse” y que las adversidades que se vienen presentando “deben convertirse en un aliciente para mantener en alto la bandera de la paz,  tanto por la insurgencia como por la sociedad, y en dicho esfuerzo nos hemos comprometido como ELN, reiterando nuestra voluntad de poner fin a la confrontación armada. Sin embargo, esta meta no puede ser a cualquier precio y la carencia de voluntad de paz por parte del establecimiento aleja cada día más la paz real a la que aspiramos todas y todos los colombianos (…) La conciencia y la razón nos acompaña al decir que el tren de la paz aún no ha ni encendido sus calderas y que echarlo a andar requiere la voluntad real por parte del Estado, así como de la participación activa y protagónica de la sociedad, en la construcción de esa nueva Colombia en paz, que queremos y soñamos”.

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