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Cronos devorando a sus hijos

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«Trabajamos en empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos», dice Tyler Durden en la película basada en la novela El club de la pelea de Chuck Palahniuk.

Ni eso, dicen hoy los jóvenes españoles. El pasado domingo el diario El País inició una serie sobre los “nimileuristas”, como se les conoce a los jóvenes desesperanzados de ese país que ahora perciben inalcanzable un empleo de si quiera mil euros al mes.

Los números no mienten: uno de cada dos jóvenes españoles no tiene trabajo y no va a tenerlo, quienes lo logran reciben salarios miserables a cambio de horarios imposibles y jamás obtendrán las condiciones para iniciar un proyecto de vida autónoma. El 55% vive aún con sus padres y el 75% sabe que vivirán peor que ellos. El 37% cuenta con título universitario. El 68% piensa emigrar; unos 300.000 jóvenes ya lo han hecho y existe evidencia anecdótica de que varios piensan en Latinoamérica como destino. ¿Qué implicaciones tendría una migración masiva desde Europa para el futuro de las Américas?

Nadie parece querer aceptarlo pero la evidencia indica que el modelo de España y el resto de Europa ha fracasado. No el estado de bienestar, comparativamente pequeño en las naciones más golpeadas como España, Grecia y Portugal. Tampoco es cuestión de mera irresponsabilidad fiscal: España e Irlanda tenían superávits antes de la crisis.

Para las generaciones anteriores que habían visto crecer su esperanza al amparo de la socialdemocracia, era posible contemplar un futuro mejor que el presente y movilizarse para alcanzarlo. La creación de una moneda común y la “apertura” financiera convirtieron esa esperanza en un espejismo carente de apoyo social o institucional. Del ensueño, Europa despertó a una pesadilla real. Las generaciones de hoy solo pueden vislumbrar mayores dificultades en el futuro; carecen por ello de la visión y el lenguaje necesarios para movilizarse en favor de un proyecto común. Se trata de un fracaso colectivo que golpea no solo a los afectados.

Lo que no escapa a estos últimos es el espectáculo obsceno de un reparto cada vez más desigual de riqueza, y la distancia que separa su inexistencia de la vida pródiga de sus antecesores. En cada hogar de España se cocina un conflicto que enfrenta a hijos y padres, a los que han tenido contra los que no tienen nada que esperar, y en el cual la fábula de la frugalidad virtuosa le suma un insulto a la injuria ya causada. Que a nadie sorprenda si los conflictos sociales que ya se cultivan en cada hogar resultan cada vez más viciosos al saltar a la calle.

“La Gran Depresión es nuestras vidas”, escribe Palahniuk en su novela, “soy la basura cantante y danzarina de este mundo … el residuo tóxico de la creación divina”, afirma su joven protagonista. Cronos, ten presente a tus hijos.

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