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Oh, Londres

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La semana pasada los habitantes de esta ciudad «abandonaron sus proverbiales buenas maneras y su jovial sentido del humor», al decir del blogger Harvey Morris en el Herald Tribune.¿La razón? Un artículo publicado en el New York Times que ofrece una visión distópica de la capital inglesa, apenas unos meses antes de que allí se inauguren los Juegos Olímpicos.

Su autor, China Miéville, fue objeto de la crítica que los ingleses reservan a sus históricos chivos expiatorios —por ejemplo, Guy Fawkes—. De hecho, la acusación es la misma en ambos casos: traición. La escasa lógica de tal acusación es aquella de la enemistad y la victimización, nacida de la ansiedad que según el poeta W. H. Auden caracteriza a nuestra época.

En el artículo titulado “Oh, London, You Drama Queen”, el brillante escritor de literatura fantástica que ha ganado tres veces el premio Arthur C. Clarke juega el papel de esos monstruos de desastre acerca de los cuales escribe en sus novelas. En la literatura y la mitología dichos monstruos siempre traen consigo un mensaje, la advertencia de que hemos tomado el camino equivocado y que es necesario enmendarlo.

Miéville describe con sumo cuidado un Londres dividido por conflictos sociales, raciales y económicos, consecuencia de la negativa generalizada a reconocer la profundidad de la catástrofe desatada en el 2008. Se refiere a las violentas revueltas del pasado agosto, las huelgas obreras y estudiantiles, y ataca al Gobierno por gastar 14,7 miles de millones del dinero de los impuestos para montar unos Olímpicos de pan y circo. Pero la maestría del artículo está en la manera como hace evidente la ansiedad de quienes nos gobiernan. En referencia a la reacción del Gobierno frente a las protestas, Miéville escribe: “Cameron denuncia primero la acción y luego la desestima. Para la derecha, las huelgas y protestas son al mismo tiempo maléficas y patéticas, tienen efectos devastadores y no tienen efecto alguno”. Se trata del tipo de ansiedad, sugiere, que, como los desastres, revela impotencia.

Dicha impotencia genera reacciones muy diferentes en la derecha y en el eje liberal y de izquierdas. Este último ve en el diálogo un elemento fundamental de la política, que requiere de suyo la existencia de oposición. Al eje que va del conservatismo a las derechas y el paramilitarismo, en cambio, le interesa el orden. Tal objetivo puede lograrse a costa de eliminar toda oposición. La consecuencia lógica es el fascismo.

Dice Miéville, “los planes de seguridad para los juegos son distópicos y surrealistas. Francotiradores en helicópteros, aviones de combate, barcos de guerra en el Támesis; más tropas Británicas en Londres que en Afganistán”. Cortes condenando adolescentes, pero no banqueros. Londres, Atenas, Valencia. ¿Exagera Miéville o preferimos no ver?

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