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El centro de Bogotá esconde secretos y lugares que han configurado nuestra historia, que nos definen como ciudadanos y que han impulsado el progreso de todo el país. Uno de ellos, ubicado en la calle 13 con carrera 19, es la Estación de la Sabana. Sus pasillos han sido testigos de décadas de cambios, de ires y venires, de desarrollo, pero también de olvido. Construida entre 1913 y 1917, fue declarada Monumento Nacional en 1984.
Del 6 al 8 de diciembre será escenario de ECO, la Estación Cultural de los Oficios, en el marco del X Encuentro Nacional de Patrimonio organizado por el Ministerio de Cultura. Recorrer la estación, que actualmente es un privilegio de pocos, será posible. Además, los asistentes podrán disfrutar de más de 50 actividades: talleres, recorridos, experiencias, muestras, entre otras que girarán en torno a los oficios artísticos y patrimoniales. Entre la programación se encuentra la chocolatería tradicional, la creación de máscaras de carnaval, tejeduría, talleres de voz, danza, conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional y Son Callejero, improvisación teatral con Beto Urrea y espectáculos de circo forman parte de la oferta de este evento, al que entrar no costará nada.
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Fhilippe Legler, director artístico y coordinador general del encuentro, ha desarrollado junto a su equipo otras formas de narrar el patrimonio y acercar al público a partir de un trabajo interdisciplinar e incluyente que da cuenta de los espacios y sus dinámicas culturales. En esta ocasión, ECO parte de una extensa investigación en el territorio que se materializó en cada una de las actividades propuestas. “La Estación Cultural de los Oficios es un evento de libre apropiación: una persona puede hacer un taller, después ir a una muestra o ser parte de una presencia escénica, según sus gustos o intereses. Cada uno va componiendo su idea de patrimonio. Protegerlo, salvaguardo y redefinirlo les corresponde a aquellos que crean las políticas públicas, pero sobre todo a aquellos que conviven día a día con ese patrimonio”.
De la Estación Cultural de los Oficios vale la pena resaltar los recorridos: experiencias que transforman y permiten ver más allá de lo evidente. Cada espacio en la Estación tendrá una historia que se moldeó con el tiempo. La naturaleza se abrió paso a través de las paredes y grietas creando un ecosistema único en medio de una ciudad que avanza sin parar. El fuego de las fundidoras, el martilleo de la forja, el trajín de los maestros que día a día mantienen en pie las locomotoras, traen del pasado vagones, pero también recuerdos y anhelos. Historias que cobran vida, que se configuran a través de los relatos de aquellos que antaño la habitaron y de nosotros que la imaginamos.
El naturalista Mateo Hernández revelará la riqueza natural de sus extensas zonas verdes; la pintora botánica Liz Anzellini, a partir del dibujo, dejará plasmada la flora y fauna de la Estación. El archivo de la extinta empresa Ferrocarriles Nacionales de Colombia cobrará vida con testimonios de hombres y mujeres que hacían posible que el Tren de la Sabana llevara alegría, progreso y el sueño de una Colombia unida. Veremos cómo las viejas locomotoras reviven gracias a la labor del taller de reparación de la empresa Turistrén. Y, por supuesto, redescubriremos los detalles arquitectónicos de la Estación y sus alrededores. (Le sugerimos: Fabio Rubiano: “Fuimos y somos expertos en hacernos los pendejos”)
“Esta experiencia nos permitirá visualizar y proyectar la Estación como un centro cultural permanente, donde se vinculen la comunidad y diferentes organizaciones artísticas”, comenta Legler. Actualmente, parte de la Estación de la Sabana es administrada por el Ministerio de Cultura y es el hogar de la Fundación Circo para todos, que cuenta con una gran carpa para la formación y presentación de espectáculos.
El teatro Colón, su taller de escenografías y la Fundación Escuela Taller de Colombia crearon un ecosistema cultural que espera cautivar a toda la ciudad.
Ser parte de ECO es viajar al pasado y soñar el futuro. Es revivir el paso de los viajeros, los gritos de los vendedores, el silbato de los guardagujas y el resoplar de las locomotoras.