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‘Los idus de marzo’

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Lamentablemente la oratoria política no volverá a hacer historia. Por falta de bagaje, los políticos ya no se arriesgan a tratar de ser elocuentes.

Parecemos condenados para siempre a los 140 caracteres de Twitter. Salvo el caso de Alberto Lleras y de Carlos Lleras, ningún presidente colombiano dejó como legado páginas memorables, aunque hay que reconocer que los discursos, y en general las intervenciones públicas de Belisario Betancur, solían estar salpicadas de citas y referencias que mejoraban la manida retórica del lenguaje político.

Precisamente, tal vez fue Belisario en su gobierno quien puso de moda en Colombia —quizá por recomendación del presidente español Felipe González— dos libros memorables: Las memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar y Los idus de marzo, de Thornton Wilder.

Ambos libros de ficción —a partir de sucesos históricos del Imperio Romano— retratan de manera formidable el laberinto en el que cohabitan la naturaleza humana y el poder.

El libro de Wilder relata los últimos meses de vida del emperador Julio César, antes de morir asesinado en el año 44 a. C., según se registra, el día 15 (idus) de marzo. A falta de asesores de imagen y de altos consejeros, el emperador, como muchos de sus antecesores, se sometía a los informes diarios que les rendían los augures, adivinos, aerománticos y agoreros, basados en el sacrificio de gansos, gallos, palomas y águilas.

El diario epistolar de César, producto de la imaginación de Wilder, está lleno de reflexiones acerca de la condición humana. “La plebe en sí es susceptible de mejoramiento, pero, ¿qué puedo hacer yo con una aristocracia plebeya?”. “… la gratitud resulta pesado estorbo en el vientre de los mezquinos”.

“La condición de gobernante añade nuevos grados de soledad a la esencial soledad del hombre”. El emperador era consciente de que estaba rodeado de aduladores, sus verdaderos enemigos y que ellos serían sus verdugos, como efectivamente sucedió. El César sabía de las conspiraciones en su contra gracias a una exquisita red de informantes: “¿Cómo pueden ignorar los conspiradores el amor que me profesan las mujeres? No pasa un día sin que me llegue un auxilio nuevo de estas hermosas informantes”. Afortunado en medio de su tragedia.

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