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Esta semana debería decidirse la extradición de Julian Assange. Tras desestimar los alegatos relativos a su conducta sexual en Suecia, este país ha declinado su petición. Solo quedan las alegaciones hechas por la administración Trump de los Estados Unidos, relativas a lo que se conoce con el paradójico nombre de “transparencia negra”. “Transparencia blanca” se refiere al control y manejo de la información y el imaginario por parte de estados fuertes y los económicamente mas poderosos cuyo propósito es establecer limites a lo que podemos ver e imaginar como justo y posible, y por consiguiente también al tipo de acción política que sigue de ello.

En contraste, la “transparencia negra” que practican actores visuales como Wikileaks busca desvelar y revelar las imágenes e información que los estados y los poderosos buscan ocultar y controlar. Ello sin contar con el permiso de las autoridades establecidas. Al hacerlo, Wikileaks y otros actores similares han revelado el papel que juegan los estados y el poder económico como censores y representantes privilegiados del espacio visual e informativo que ellos mismos delimitan y construyen. Dichos representantes privilegiados no solo se han abrogado el derecho de representar a todos los aparecemos sujetos en y al orden visual construido por ellos. 

Al abstraerse de dicho orden y ordenarlo desde fuera, como si estuviesen en el punto-cero de la perspectiva lineal, estos representantes se ven a si mismos como el héroe histórico de Carlyle. El Hombre Fuerte, capaz de ver la historia en su totalidad desde la altura de su montaña visual y declarar esa imagen, su final y destino, como ley manifiesta para los actores plebeyos. Estos últimos deberíamos tan solo identificarnos con la imagen que nos muestra el heroico Hombre Fuerte, cuyo vigor viril y éxito comunican una imagen a la aspiramos.

El puede disolver las diferencias internas, unirnos y guiarnos hacia la tierra prometida del progreso o el éxito económico donde seremos tan fuertes y grandes como el. En la era de la imagen reproducible y la teatralidad politica, el Hombre Fuerte de Carlyle ha resultado en los Trump, Johnson y Bolsonaro capaces de construirse un pueblo obediente como si se tratase de una audiencia para un sujeto único.

No es entonces coincidencia que el juicio a Assange coincida con la emergencia de un sujeto visual rebelde, joven, subalterno y ”socialista” en los EE. UU. de Trump. Dicho sujeto ha activado una acción política alternativa y llamativa bajo la imagen “No soy yo, sino nosotros” en el intervalo abierto por la elección primaria del Partido Democrata. Se trata de un combate mediático y de imágenes. Los próximos dias determinaran si dicha rebelión tiene futuro. Ambos acontecimientos, Assange y Sanders, nos interesan a todos. Lo que se juega en ellos es la cuestión de la justicia imaginada y la representación en la era conectada de las imágenes y los extremos.     

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