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De Philippe Chalem, MD

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Quiero referirme al artículo publicado en El Espectador el 13 de febrero de 2012 titulado “Estimado Philippe, lo convenido”, con el cual se pretende comprobar la injerencia indebida de las casas farmacéuticas multinacionales en el concepto enviado por la Asociación Colombiana de Reumatología al Ministerio de Salud respecto al proyecto de decreto de regulación de los medicamentos biotecnológicos.

Es importante que se conozca públicamente mi versión de los hechos, en vista de que la publicación del artículo mencionado tiene serias implicaciones para la Asociación Colombiana de Reumatología, para mi familia y para mí, ya que enloda mi buen nombre y mi carrera profesional. No es para nada grato aparecer en la primera plana de los periódicos, a la par con las noticias de crímenes mayores, corrupción y robo al Estado.

El 28 de enero de 2012 la junta directiva de la Asociación Colombiana de Reumatología envió a todos los asociados el proyecto de decreto de medicamentos biotecnológicos y solicitó comentarios de tipo técnico por parte de quienes quisieran hacerlos. Al igual que otros reumatólogos, remití comentarios a título personal que podrían ser o no tenidos en cuenta por la junta directiva para su pronunciamiento ante el Ministerio de Salud.

Para enviar este concepto me nutrí de diferentes fuentes: reglamentación de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la propuesta de ley de biotecnología que fue publicada por Asinfar (Asociación que reúne a las farmacéuticas nacionales). Además, participé en un foro sobre biotecnología en la Academia Nacional de Medicina.

En respuesta a mis solicitudes de información, obtuve respuesta de diferentes casas farmacéuticas, tanto nacionales como multinacionales. Recibí, por ejemplo, de una importante casa farmacéutica nacional la propuesta de Ley de Biotecnología de Asinfar, que contiene toda una regulación acerca de los biotecnológicos emanada de la industria farmacéutica nacional, constituida por 20 artículos con sus parágrafos, a lo largo de siete páginas. Igualmente recibí un correo del director médico de una casa farmacéutica multinacional, que contenía documentos públicos (borradores del proyecto de Decreto por el cual se modifica el Decreto 677 de 1995) y comentarios que se basan en buena parte en conceptos de la OMS.

Este último mensaje fue enviado a algunos otros colegas a título de información. Lamentablemente, el mismo fue sacado de su contexto original y se le atribuyeron tintes de corrupción y tráfico de influencias que dista mucho de tener. Fue también utilizado para la elaboración del artículo publicado en El Espectador, por lo cual quiero hacer varias precisiones:

1. Menciona el autor del artículo que en el correo que recibí se hacen “sugerencias” respecto a lo que debe corregirse en el decreto. Esto es falso; no existe absolutamente ninguna sugerencia.

2. Titular el artículo como el encabezado del mensaje que recibí lo hace bastante sugestivo: “Estimado Philippe, lo convenido”. Reitero que este mensaje fue sacado de su contexto original. Claro que estaba “convenido” que recibiera ese mensaje, ¡en vista de que yo solicité copia de los borradores del decreto!

3. Los comentarios (y no sugerencias) que recibí en el mencionado correo se basan en buena parte en recomendaciones de la OMS. Me pregunto si las decenas de autores de varios países que publicaron dichas recomendaciones están vendidos a la industria farmacéutica multinacional.

4. Menciona el autor de este artículo que los reumatólogos están divididos y que algunos están molestos porque no se les consultó el texto final. Al respecto cabe mencionar que la junta directiva de la Asociación envió un correo solicitando las opiniones de todos, y que todos tuvimos la oportunidad de hacer aportes. Las decenas de manifestaciones de solidaridad que he recibido por parte de mis colegas después de la publicación del difamador artículo, al igual que el apoyo irrestricto a la gestión de la junta directiva de la Asociación por la abrumadora mayoría de sus miembros, sugiere más bien que los reumatólogos tenemos muchos puntos de vista en común respecto al tema de los medicamentos biotecnológicos.

Durante más de 20 años de ejercicio profesional he construido un nombre y una reputación basados en la honestidad, la rigurosidad académica y la ética. Han sido alumnos míos un sinnúmero de estudiantes de pregrado y de posgrado de cuatro facultades de Medicina. Soy profesor de dos universidades, docente en otras dos y he sido distinguido en más de una ocasión por mi labor académica. Pertenezco, en calidad de miembro de número, a cuatro sociedades científicas (tres nacionales y una internacional) y soy miembro emérito de una de ellas. La imagen mía que transmite el artículo de El Espectador como un personaje corrupto y al servicio de las farmacéuticas internacionales no tiene fundamentos y obedece a la manipulación malintencionada de un correo privado entre colegas.

No pretendo brindar lecciones, pero tengo entendido que el periodista dedicado a la investigación debe consultar varias fuentes en aras de proveer una información equilibrada. En este caso particular no se me solicitó información alguna: sencillamente fui puesto en la picota pública sin el derecho de dar explicaciones. Tampoco espero recibir lecciones de ética mediante artículos de prensa de corte amarillista.

Para finalizar, quisiera hacer varios comentarios: la normatividad de organismos internacionales que propone la realización de estudios clínicos no es invención de médicos con intereses oscuros ni de casas farmacéuticas de dudosa reputación. El alto costo de los medicamentos en Colombia no es responsabilidad de las asociaciones médicas ni de los médicos. El robo a la salud no ha sido promovido por los médicos que nos dedicamos a la labor asistencial: nuestra razón de ser son los pacientes y a ellos nos dedicamos. En esta “cacería de brujas” hay que ir a buscarlos en otro lado.

Philippe Chalem. Miembro de número de la Asociación Colombiana de Reumatología. Bogotá.

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