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Una sociedad marcada por años de violencia, con imborrables huellas de hechos lamentables, puede ser, eventualmente, poco pacífica en la cotidianeidad de las calles, o correr el riesgo de ser más irritable en medio de situaciones difíciles, como el tráfico en una capital.
A eso puede sumarse el sentimiento que produce vivir en una ciudad donde el orden y la limpieza de las calles no son precisamente, ejemplarizantes, y tampoco el ambiente puro que cualquiera merecería respirar. Quizá estas circunstancias confluyan cuando se echa un vistazo al tráfico en Bogotá.
En principio, comparando cifras con otros países, uno podría pensar que no habría lugar a una suerte de caos vehicular en la ciudad: en Colombia existen 6 vehículos por cada 1.000 habitantes, lo cual es poco en relación con países como Alemania, donde la cifra asciende a 600 vehículos por el mismo número de personas.
Sin embargo, aunque los números son bastante dicientes, es sorprendente que la cifra de accidentes de tránsito mortales en el país supera los 5 mil por año, en tanto que en Alemania, no llega a los 4 mil.
Entonces, ¿cómo se explica que en un país con menos vehículos rodando en las calles y menos población, haya un mayor número de accidentes de tránsito?
Sólo se me ocurren tres hipótesis: la primera, hay un simple problema de estrés generalizado, la segunda, hay un profundo problema de educación, y, la tercera, un evidente problema en la infraestructura vial.
La variable del estrés que produce accidentalidad puede explicarse por los factores que se mencionaron arriba, quizá haya demasiada carga en medio de un país en conflicto que se representa en las ciudades, en el tráfico.
Las falencias en la educación que conllevan desobediencia y desprecio por las normas de tránsito, y por tanto, a elevar la accidentalidad, es una tesis fuerte que confluye en la explicación del fenómeno.
Finalmente, la falta de infraestructura vial se evidencia en el caso de Bogotá sin necesidad de compararla con ninguna otra ciudad. Es inexplicable que con su nivel de crecimiento, no existan medios de transporte masivo propios para una ciudad capital, como un metro o un tren de cercanías.
Además, no tengo duda que el tráfico es un reflejo de lo que pasa con la sociedad y dejo la hipótesis que también puede llegar a ser un diagnóstico que da luces sobre los problemas que habría que atacar para vivir aún mejor.
En Twitter: @andreasforer