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En este país los temas son cíclicos, aparecen y desaparecen como por arte de magia.
En este momento se debate sobre dos asuntos que han ocupado a los medios y la opinión durante los últimos años y cuando ya se creía que estaban definidos, pues resulta que no, que vuelve y juegan, para distracción de los protagonistas y para que la gente discuta y no mire otros temas más profundos. Un tema son los conciertos en los estadios y el otro es la sede de la selección de Colombia.
El alcalde de Bogotá, hoy blanco, mañana negro, pasado mañana puede ser gris, veleidoso y tan falto de claridad en muchos temas, tiene prácticamente decidido que prestará el estadio El Campín para los conciertos. La presión de los empresarios ha resultado de tal magnitud que el alcalde quiere empezar a pagar favores y lo primero que hará será entregar el estadio para los llamados “megaconciertos”, entre los que citan a Madonna y McCartney.
El empresario Ricardo Leyva, uno de los generosos donantes de la campaña de Petro, invitado especial a la posesión y a casi todos los actos de Petro alcalde, recibirá su cuota. Los demás, los Fernanes y Felipitos, se beneficiarán de la cercanía de Leyva con Petro. No importan las recomendaciones, no valen los juicios de los ingenieros sobre el daño que sufre la gramilla, ni todos los estudios realizados hasta ahora y que impedían que siguieran los conciertos que acabaron con la cancha y obligaron a una inversión de diez mil millones de pesos por parte del Gobierno de cara al Mundial Sub-20.
Petro va a facilitar El Campín y lo mínimo que se le debe advertir al alcalde es que la póliza de garantía, para Leyva o quien sea, debe cubrir todos los eventuales riesgos de daño de un escenario construido para eventos deportivos. Además, el alcalde debe saber que las acciones penales por detrimento patrimonial lo cobijan a él y al funcionario que acoja la perentoria solicitud de los empresarios.
Hoy arrancarán con Madonna y mañana El Campín terminará con Los Carrangueros. Legalmente, si se le presta a uno se les tiene que prestar a todos, así que vayan preparándose para volver a ver la gramilla acabada y los drenajes inservibles. Ese cuento de los tapetes es una mentira, quince mil personas saltando encima de una cancha la arruinan, compactan las capas y destrozan el magnífico trabajo que se hizo en las últimas dos administraciones para conservar El Campín en buen estado.
Alcalde, a usted no le gustan los toros, no le gusta el fútbol, no le gusta tampoco el deporte, pues mes y medio después de posesionado no ha sido capaz de encontrar director para el IDRD, ¿a usted qué le gusta?