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Aprendió a tocar guitarra desde los trece años, pero tenía 23 cuando su primer desengaño amoroso lo llevó a componer Confidencias, un relato de escritura romántica que hablaba del recuerdo de un cariño ya remoto.
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“Si pudiera volver al pasado en confidencia disfrutaría de tus besos con mayor encanto, y en confidencia te pediría bésame todos los días hasta la hora de la muerte y, más allá de la muerte no me olvides, vida mía”.
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Ese desamor tuvo la fuerza suficiente como para que en un solo mes le salieran tres canciones. Quizá fue entonces cuando supo que solo podía componer estando triste, inspirado en la melancolía y el sufrimiento de los corazones rotos y las distancias insufribles.
Fueron esas canciones, con un notable marco lírico, las que además de abrirle las puertas de la fama —fueron grabadas por Pacho Galán y la Billo’s Caracas Boys en 1966— mostraron un camino distinto para la música vallenata. Tan particular e inconfundible era su propuesta que tuvo que sortear la resistencia de los puristas del folclor, y la burla misma de sus amigos, que no veían en sus melodías ni en el piano acordeón que empleaba la esencia del vallenato.
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“Tengo tres pilares grandes: Rafael Escalona, Leandro Díaz y Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez, el precursor del vallenato romántico, el que compuso Cállate, corazón y Mírame fijamente. Yo lo arropé y lo tomé como bandera”, ha dicho al recordar sus épocas de parranda al lado de Escalona y el pintor Jaime Molina.
Por eso siguió adelante. Componer música vallenata no había sido su propósito y, sin embargo, por ahí se había dado su éxito musical. Pronto sus canciones empezaron a sonar en las voces de Alfredo Gutiérrez, Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate o Rafael Orozco. Sus letras quedaron inmortalizadas acompañadas de los acordeones de Colacho Mendoza, como en Camino largo; Juancho Rois, en Calma mi melancolía; el Cocha Molina, en Sin medir distancias, o Emiliano Zuleta, en Así fue mi querer.
“En lo alto de la montaña solo hay silencio y el viento es fresco. Y cuando hay tiempo de lluvia, las nubes besan la punta del cerro. Rumores de melodía solo se escuchan de ese romance. Limpio como es la nevada, brillante como la luz del día”.
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Quienes lo conocen lo describen como un hombre con una gran sensibilidad, un enamorado de la vida y de los sueños, que vibra por el recuerdo de los caminos que ha recorrido, las parrandas inolvidables y los viejos amores idos. Sus composiciones son poéticas y por eso durante sus presentaciones es frecuente que declame antes de cantar. Eso sí, solo interpreta sus propias canciones, esas que son la bitácora de su vida, sus quereres y lamentos. Para cantar su vallenato, hay que sentirlo con el alma.
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“Hay soledades que duelen mucho y hay un silencio para pensar. Hoy quiero luces para que alumbren lo que me falta por caminar”.