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Con la decisión de mantener en 9,5 % las tasas de interés por segunda vez consecutiva, la junta directiva del Banco de la República dejó dos grandes mensajes.
El primero es que la junta directiva sigue privilegiando los criterios técnicos. La insistencia del gobierno al Banco para bajar a un mayor ritmo las tasas de interés, aparentemente, no afectó el rumbo de la política monetaria. Como lo reconoció el nuevo ministro de Hacienda, Germán Ávila, la solicitud “no fue atendida por cuatro representantes de la junta directiva” que votaron por mantener las tasas en 9,5 %. Los otros tres votos apostaron por una baja de 50 puntos básicos.
Con la llegada de los dos nuevos codirectores elegidos por el presidente Gustavo Petro, Laura Moisá y César Giraldo, se esperaba que la balanza se inclinara por más recortes, teniendo en cuenta que en la junta ya hay otra codirectora elegida por esta administración, la economista Olga Lucía Acosta Navarro. Aunque en cuentas fáciles, esos tres votos, más el del ministro, habrían sido suficientes para materializar el deseo del gobierno de menores tasas, el trabajo de la junta es analizar los datos disponibles para tomar decisiones responsables, más allá de cualquier sugerencia que pueda hacer el presidente de la República de turno.
Alejandro Reyes, economista de BBVA Research, destacó que la votación en la junta sigue dividida, tal como ha ocurrido en las últimas reuniones. Si bien las votaciones no son públicas, Reyes se inclina porque el voto que permitió mantener las tasas fue el de la codirectora Acosta, quien ha manifestado en eventos públicos preocupación por el comportamiento de la inflación, en especial las presiones desde los costos, y por la situación fiscal.
El segundo gran mensaje es que, como dijo Leonardo Villar, gerente del Banco, aunque la inflación ha bajado en Colombia desde el pico de 13,34 % que alcanzó en marzo de 2023, y se espera que siga descendiendo, hay temas que preocupan y por los que vale la pena tener cautela. Después de que la inflación anual permaneciera estable en 5,22 %, en febrero tuvo un leve aumento, ubicándose en 5,28 %; aun así, la inflación básica (sin alimentos ni regulados) siguió bajando (pasó de 5 % a 4,9 %).
Los riesgos para la inflación
La decisión de la junta afecta a la gente de dos maneras. Por un lado, si la tasa de intervención es alta, endeudarse es más caro, mientras que si baja, se espera que los bancos les presten dinero a los usuarios a menores tasas. La otra parte de la ecuación es la temida inflación que tanto golpea el bolsillo de los consumidores, especialmente los más pobres y vulnerables. La decisión de subir las tasas y ahora bajarlas con cautela tiene que ver con el mandato del Banco de mantener a raya el IPC.
Para tomar su última decisión, la junta tuvo en cuenta que hay riesgos de presiones inflacionarias por dos razones, principalmente: los retos fiscales del país y la incertidumbre externa. Ambos temas ya se han mencionado en las anteriores decisiones sobre tasas.
Por el lado de los retos fiscales, es claro que estamos en un año de cuentas apretadas. Ya fue necesario un aplazamiento del presupuesto por $12 billones por la caída de la ley de financiamiento y algunos expertos han advertido que el Gobierno tendría que pasar de nuevo la tijera para mantener el equilibrio macroeconómico. El año pasado el déficit fiscal fue de 6,8 % del PIB (tan sólo superado por los años de pandemia) y hubo un amplio debate respecto a si se cumplió o no la regla fiscal, teniendo en cuenta la suerte de “contabilidad creativa” que presentó el entonces ministro Diego Guevara.
Para salir de esta coyuntura, el énfasis está en mejorar el recaudo tributario. Según Ávila en marzo los datos de la DIAN ya muestran “resultados positivos”. De todas formas, explicó que no se ha descartado presentar al Congreso otra ley de financiamiento, que en la práctica es una tributaria para darle oxígeno al presupuesto, ni hacer más ajustes en el gasto. Para esto último, dijo que se hará una propuesta tras una evaluación “rigurosa y detallada”, pero que el norte será no alterar los programas de Gobierno consignados en el Plan de Desarrollo.
La incertidumbre externa está impulsada por Donald Trump y protagonizada por sus aranceles. Como dijo Villar, las políticas proteccionistas de Estados Unidos y la guerra comercial preocupan al mundo entero. En un entorno en el que se plantean muchos aranceles, Colombia podría resultar afectada, no solo por posibles aumentos para productos que exportamos, sino también porque las medidas pueden tener consecuencias para el crecimiento económico a nivel mundial y para la inflación.
La volatilidad en los mercados internacionales y sus efectos en la tasa de cambio son otra posible consecuencia de las medidas de Trump. Esos movimientos, agregó Villar, podrían facilitarse en un escenario en el que la situación fiscal de Colombia no se resuelva. Minhacienda afirma que hay un plan que permitirá avanzar en la dirección correcta y mitigar esas presiones.
Ávila reconoció que no quedó contento con la decisión de este lunes, pero dijo que seguirán en conversación con el Banco de la República para, ojalá, seguir bajando las tasas de interés. Aunque hay un buen pronóstico de crecimiento para este año, de hecho el equipo técnico del Banco informó que proyecta un 2,8 % (antes estimaba 2,6 %), el ministro se mantiene en que ante las políticas proteccionistas, Colombia debe “reaccionar potenciando y expandiendo el crecimiento de la economía” y que por eso es necesario bajar las tasas de interés.
Si bien Villar reconoce que menores tasas de interés estimulan la demanda e impulsan aún más el crecimiento económico, reafirmó que cumplir la meta de inflación (3 %) es un reto del Banco de la República y un compromiso institucional que está plasmado en la Constitución. Además, defendió que una inflación más baja permite que las tasas bajas sean sostenibles y generalizadas.
A fin de cuentas, la reflexión del gerente, como en las últimas reuniones, es que aunque todos queremos tasas más bajas, las decisiones deben ser responsables.
El equipo técnico del Banco proyecta que al cierre de este año la inflación estará en 4,1 %, pero Villar dice que mantiene la “esperanza” en que los datos de los próximos meses permitan bajar esa proyección y que así se pueda cumplir la promesa de que la inflación cierre en un rango de más o menos un punto de la meta de 3 %, es decir, por debajo del 4 %.
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