Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Desde hace 75 años, Pizano S.A. ha sido referente nacional en la industria de la madera, en la elaboración de productos como tableros, láminas, muebles o puertas. Desde hace 30 años, y acorde con las necesidades de los nuevos tiempos, la compañía también quiso convertirse en un modelo en la protección del medio ambiente. Precisamente sobre estos temas El Espectador dialogó con el presidente de la empresa, Enrique Camacho.
¿De qué se trata el nuevo proyecto de Pizano?
Hace 30 años iniciamos un ejercicio en la llanura seca del Caribe colombiano (Bolívar, Cesar y Magdalena) destinado, primero, a que la empresa generara su principal materia prima: madera, con algo muy interesante y fue trabajar con especies nativas y tropicales. Después, por la base genética tan reducida, se seleccionaron 53 especies y se identificaron dos que se desarrollaron. Hoy tenemos 23 mil hectáreas con ceiba roja (cedro macho) y melina.
En ese proceso descubrimos el impacto de esos cultivos en la captura de CO2 y al observar que estábamos dentro de una zona escogida por el Ministerio de Medio Ambiente que aplicaba para el Protocolo de Kioto, que entre sus condiciones tenía la de sembrar árboles donde no hubiera, logramos venderle a un gobierno europeo un millón de toneladas de captura de CO2 de aquí a 2012.
¿De cuánto fue la inversión de la operación?
Hemos invertido unos $150 mil millones en los últimos 30 años en mejoras de esas tierras, construcción de carreteras, protección contra incendios y muchos otros aspectos. Se vendió a 5,99 euros la tonelada, que fue un precio supremamente bueno. Cabe aclarar que la participación de Pizano es del 30% y el otro 70% de comunidades de la región, en un proceso en el que intervenimos nosotros, el Estado, los pobladores y programas como Alianza para la Paz del Plan Colombia.
¿Qué campo de acción tienen estos proyectos?
Se pueden sembrar un millón de hectáreas, lo que permite una gran generación de empleo, que es más intensiva que la ganadería, pues genera un puesto de trabajo por cada once hectáreas.
Mucho se habla de desarrollar esta industria en los Llanos Orientales, ¿es posible?
Tuvimos una experiencia en esa zona y fue difícil porque la adaptación a los suelos fue complicada, industrialmente no era muy viable. Ahora en el Piedemonte se están haciendo desarrollos y se habla del Vichada, pero hay que tener infraestructura e industrias cercanas, porque uno de los mayores costos es el transporte de la madera. Nos parece más interesante proyectos en la Costa, porque además da facilidades para exportar.
¿Cómo está el mercado nacional?
Bien, hay una fuerte presencia de compañías chilenas como Masisa y Arauco, de China y algo de Argentina. Es un mercado creciente, que está muy vinculado a la construcción, por lo que creo que este año va a crecer un 15% y el año entrante puede ser hasta el 20%. Es un panorama muy positivo.
¿Y las exportaciones?
Estamos exportando tableros de madera a Venezuela, Centroamérica y otros productos a Europa. En el caso venezolano la calidad del producto se demanda, pero se mantienen las dificultades con el pago, nos deben US$3 millones. En todo caso, estamos afectados por la revaluación, que en los dos últimos años nos genera una caída del 20% de ingresos en pesos.
¿Los afecta la liberación de aranceles recientemente decretada por el Gobierno?
Claro, pues se incluyeron productos terminados como tríplex y táblex, lo que les reduce 10% el arancel a las importaciones de EE.UU., Brasil, Europa o China. Esto fue dirigido a incrementar el dólar, entonces si surte efecto y el dólar sube 10%, quedamos en lo mismo que antes de la liberación. Al comienzo era para partidas foráneas, pero se tomó esta decisión y estamos perjudicados sectores como el maderero, textilero y los productores de acero. Se debe tener en cuenta, por ejemplo, que sólo este año las importaciones de tríplex desde China han crecido 290%.