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Desde el momento en que Freddy Cervantes llegó empezaron los gritos: ¡rey, rey, rey! Era un llamado al soberano. Entonces él se acomoda la banda que cruza su pecho de derecha a izquierda y el sombrero vueltiao lleno de adornos con cintas rojas, para luego sonreír.
Como si estuviera dirigiendo una orquesta, arrancó con el coro: ¡rey momo rebolero, rebolo manda, rey momo rebolero, rebolo manda! Mientras baila, los asistentes siguen con el coro, quedando claro que el carnaval es bacanería. El hombre nació en un hogar rebolero y quienes nacen en el popular barrio barranquillero cuentan con la alegría y bacaneria en su sangre.
El bacán
La RAE cuenta con varios significados para definir al bacán. 1. En el lenguaje juvenil, muy bueno, estupendo, excelente. 2. Dicho de una persona: muy atractiva. 3. Hombre mantenido por su esposa o por su amante.
Sin embargo, esos significados se alejan de lo que en realidad es considerado como bacaneria, según Hugo González, miembro del grupo BBM (Bacanes y Bacanas del Mundo). Ser bacán es “actuar a lo bien, alegre, sociable, amistoso, no discriminar y aceptar a todo el mundo, recalca; es un estilo de vida, tener un lenguaje particular, pero sin ser vulgar. Son personas que se apasionan por las actividades artísticas, la bacanería es poetizar la vida”.
Cervantes, el primer rey momo letaniero, un hombre de mediana estatura, grueso, de tez morena y voz gruesa, cuenta con muchas de estas características y eso se vuelve evidente cuando sale de su casa rumbo al desfile del suroccidente. Baja la ventana del auto y en medio de la polvorienta calle, como si fuera en una de las carrozas que destacan en la vía 40 de Barranquilla, saca la mano, la alza y saluda a cada uno de sus vecinos. Desde el panadero hasta el peluquero que ya han visto cómo en su casa se mueven al son de vientos inesperados de marzo, cientos de banderines de colores, el rostro de la reina Carolina Segebre y el dibujo del tradicional disfraz de María Moñito.
Contrario a lo que muchos piensan, durante el trayecto en el auto no se escuchó música alguna, pero esto no impedía continuar con el espíritu carnavalero porque en cada una de las calles de la arenosa se escuchaban canciones como El torito del Joe, La Guacherna de Esthercita Forero y Pura Alegría, la canción oficial del 2019. Freddy, mientras le indicaba al conductor por donde debía dirigirse, hablaba de «lo espectacular que había sido la noche anterior», La Guacherna, de lo hermosa que se veía la soberana de las carnestolendas y la alegría de los barranquilleros que disfrutaron bajo la hermosa luna.
Los movimientos del momo se detuvieron apenas supo que llegó una chica joven, de tez blanca, cargada de maquillaje. No había duda, acababa de llegar su majestad Carolina Segebre, con un traje enterizo de color negro y adornado con la cara de un torito. De inmediato el rey fue a recibirla y en medio de la multitud que los aclamaba se fueron abriendo paso hasta llegar a la carroza real. Allí, él, con la caballerosidad que lo caracteriza, la ayudó a subir y posteriormente abrirle espacio a la carroza entre los centenares de asistentes para que esta ocupara el lugar que le correspondía y así dar inicio al desfile.
Empezaron a sonar la flauta de millo, los tambores y el guache, esta fue la orden para que iniciara la gozadera. Los asistentes que se encontraban sentados se pusieron de pie y se dejaron contagiar por la alegría de la realeza carnavalera. A medida que avanzaba el desfile se volvió común que algunas mujeres se detuvieran para bailar con el rey.
Quienes más se lo disfrutaron fueron los niños, ellos no entendían seguramente lo que pasaba, pero ser barranquillero significa dejarse llevar por la música y el jolgorio. Entre brincos, sonrisas y baile ellos disfrutaban en el bordillo, mientras otros hacían parte del desfile y, sin importar su edad, bailaban como si lo hicieran de hace mucho tiempo. Los que más llamaron la atención fueron quienes llevaban en sus vestimentas los colores que representan la pasión de toda barranquilla: azul, blanco y rojo del Junior.
Aunque el sol calentaba sin ceder, las suelas de los zapatos debían soportar un poco más. El rey y la soberana se hidrataban, pero el público solo quería verlos bailar. ¡Qué bailen, que bailen, que bailen!, ¡música, música que los reyes quieren bailar, música…!, eran algunos de los gritos. Así en medio de espuma, con a algarabía y alegría de la gente los reyes salieron porque debían prepararse para la noche mágica: la coronación de las reinas populares.
Una tradición
El momo lleva 38 años haciendo presencia en los carnavales y hace 30 retomó la tercera generación de “Las Ánimas Blancas de Rebolo” convirtiéndose en el grupo más grande de letanía de Barranquilla, al estar integrado por 31 personas. Se siente muy feliz de lo conseguido. Con una sonrisa dice que es el único grupo fuera de concurso a nivel distrital y que le dio un giro de 360 grados para cambiar el estigma que tenía de vulgar.
Aunque para muchos el barrio Rebolo es sinónimo de delincuencia, su majestad Freddy Cervantes considera que es mucho más que eso, tanto así que quien nace allí cuenta con el talento para ser letaniero, bailarín o destacarse en cualquier arte. En otras palabras, Rebolo es cultura, esta es la razón por la que su gusto por las letanías fue desde muy temprana edad.
Para ser letaniero es necesario estar informado de las noticias de actualidad. Mientras Freddy se come el “alimento de los dioses”: guineo y pescao’, ve las noticias sobre el vecino país y recuerda cómo era mucho antes del actual gobierno. Una época que pudo vivir de cerca, pues gracias a su otro trabajo de mecánico diesel recorrió países como chile, cuba y Venezuela.
Para ser letaniero hay que ser periodistas culturales, es simplemente volver una noticia, quizás no tan buena, para contarla de forma burlesca y así sacarle una sonrisa a las personas. Durante estos treinta años han surgido cientos de letanías, pero siempre hay alguna que lo marca. Por ejemplo, cuando se fue el gran Edgar Perea para Bogotá, en el año de 1990.
“Atlántico se sobró
Otra vez de les dio un coctel
Y la corona pasó de Lizeth a Maribel”
Letanía a Lizeth Mahecha y Maribel Gutiérrez, 1990
La noche mágica
Después de salir del desfile del Suroccidente, Cervantes, con algo de fatiga, se prepara para la gran noche. Fue a buscar su vestimenta, un traje de lentejuelas color verde aguamarina y morado. Previamente, decide tomar un descanso de 10 minutos que, aunque parece poco, para el rey momo es mucho por la larga agenda que tiene día a día.
Eran las 7:00 p.m. En medio de la fría noche barranquillera, el rey parte rumbo a La Plaza, donde cientos de personas aguardan por el show. Al llegar, detrás escenario sólo se escuhaban los gritos de quienes apoyaban a su favorita, Rebolo, San Felipe, Pumarejo, Silencio y un sin número de candidatas.
Freddy entra al camerino a practicar lo que tenía preparado. Minutos más tarde llegó Carolina Segebre. Con los reyes listos, se dio inicio a la Coronación de las Reinas Populares 2019, que esta vez era más especial, pues se le rinde homenaje a los 50 años del festival de orquesta. La encargada de abrir la noche fue Belkis Concepción que, con su melodiosa voz, minimizó la tensión que se sentía en el ambiente. Tras terminar su presentación, las reinas populares fueron saliendo a la tarima en medio de la canción “Vivan las reinas”, de José Martelo Orquesta Swing, vestidas con polleras que se movían al vaivén del viento.
Después saltaron nuevamente a la tarima, pero esta vez acompañadas de algunos bailarines vestidos de guayabera y sombrero vueltiao; ellas por su lado con minifaldas de colores y blusas tropicales, era el momento de brillar del rey momo. Nadie se lo esperaba y, como tributo al vallenato, bailó con Daneska Camargo, reina popular 2018. Poco a poco, las postuladas para ser reinas hicieron su presentación con diferentes ritmos: vallenato, merengue, música tropical, salsa, el rescate de la música folclórica y los ritmos modernos.
Los jurados ya habían deliberado y llegó el momento de dar los resultados, pero antes Daneska se despidió de su mandato con un emotivo mensaje. El ambiente se volvió a tensionar y los ánimos a subir. Segebre y Cervantes subieron para realizar la coronación, pero el rey de la oralidad no podía irse sin hacer algunas letanías , una de esas para Carolina.
“Cuando improviso me encauso
Y hago letanías divinas
Ahora pido un fuerte aplauso pa’ mi reina carolina”