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La intimidad a la bolsa

Juan Carlos Gómez
12 de febrero de 2012 – 06:00 p. m.

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Faltos de genios —como diría Mecano— en el arte, la filosofía y la política, estos años de la historia de la humanidad serán marcados por personajes como Steve Jobs (Apple), Bill Gates (Microsoft), Brin y Page (Google), Dorsey (Twitter) y Mark Zuckerberg (Facebook).

Zuckerberg, en 2010, con apenas 26 años, fue el personaje del año de la revista Time. El mismo año, Hollywood lo coronó llevando al cine la historia de esa red social que comienza en los dormitorios de la Universidad de Harvard en 2004 y que devela la leyenda negra detrás de la fortuna.

Ahora Zuckerberg está a punto de protagonizar el éxito más grande de emprendimiento de todos los tiempos con una oferta pública de acciones de su compañía que, pendiente de la aprobación de la autoridad de valores de Estados Unidos (SEC), se realizaría en mayo próximo, con lo que ésta podría llegar a valorarse en 100 mil millones de dólares. La mayoría de sus ingresos (casi 4 mil millones de dólares en 2011) provienen de la publicidad.

La apuesta es arriesgada. Hoy en día Facebook cuenta con casi 850 millones de “amigos”, lo cual es su fortaleza, pero también puede ser su talón de Aquiles. Recuérdese el caso de la red social My Space, que compró Murdoch en 575 millones de dólares, pero que fue perdiendo usuarios de manera vertiginosa y se vendió en apenas 35 millones.

Aparte del riesgo que significa el capricho cambiante de los usuarios, hay un motivo de fondo más serio para temer por el futuro de la compañía. Su materia prima es la información privada de los usuarios y al respecto corren vientos de guerra, ante la amenaza de que las autoridades de Estados Unidos y de Europa regulen con mayor rigor el uso de esa información, afán que seguramente exacerbará la envidia cuando la acción empiece a negociarse en bolsa.

La semana pasada el columnista Nick Bilton del New York Times comentó —medio en serio, medio en broma— que, siendo uno de los tantos “amigos” de Facebook, esperaría recibir pronto de Zuckerberg un cheque de por lo menos 50 dólares. Al fin y al cabo, ¿para qué son los amigos?

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