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Por un momento trate de asumir el puesto del señor José Pékerman y actúe como si fuera el técnico de la selección de Colombia.
Primera pregunta: ¿usted cómo haría la convocatoria? ¿Revisaría los videos de los partidos de la selección durante el último año y, con base en esas alineaciones, llamados, rendimientos, intentaría armar la nómina de los jugadores para el partido del día 29 en Miami? Esa es una opción, la otra es liberarse de todos los antecedentes y mirar el mercado nacional y extranjero para llamar los que gusten al técnico.
En la primera alternativa, su nómina estaría condicionada por los gustos de los últimos dos técnicos, Gómez y Álvarez, y esas preferencias no son necesariamente las que Pékerman tenga. De todas maneras, el proceso selectivo sería interesante y hasta obligatorio porque así el técnico tiene una idea clara de lo que han sido los futbolistas que han pasado por la selección durante este último proyecto.
La otra es peligrosa porque sería tirar al bote de la basura todo lo que se había hecho, bueno o malo. Y arrancar de cero con tan pocos días para trabajar es un acto audaz y hasta irresponsable.
El llamado del 22 para el choque ante México determinará cuál fue el camino escogido por el argentino.
Pékerman afronta hoy por hoy varios temas calientes y difíciles. El primero es la defensa. Amaranto es suplente y su nivel es muy bajo. Yepes está lesionado. Zapata terminó de suplente en el Villarreal. La pareja central es un tiro al aire y estaría en manos y pies de Aquivaldo, Henríquez, Franco y los que salgan a última hora. Una pareja nueva, con escasos entrenamientos, sin memoria táctica.
El puesto de volante de marca sigue siendo un dolor de cabeza. Aparte de Sánchez y Bolívar no se vislumbra un jugador con las condiciones requeridas. Y agréguense la lesión de Guarín, el bajo momento de Aguilar. Las alternativas se van cayendo una a una.
Dicen que a Pékerman le gustaría jugar con un volante diez, pero el tema no es si le gusta o no, el asunto es si lo hay o no en el fútbol colombiano.
Bienvenido a la realidad, a la cruda verdad, señor Pékerman. Esas son algunas de las situaciones que todos esperan que usted resuelva con su “varita mágica”.