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Cocina sin límites

Este chef, de los restaurantes Emilia Romagna y Vera, fue uno de los pioneros de los comedores alternativos en Nueva York .

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Desde hace 10 años, cuando Daniel Castaño decidió empacar para inscribirse en el French Culinary Institute y formarse como chef, Nueva York ha sido su casa. Pero desde hace tres años Bogotá y Cartagena son paradas obligadas en su itinerario para atender los proyectos que surgieron por casualidad y que hoy en día son restaurantes de renombre: Emilia Romagna en Bogotá y Vera en Cartagena.

La gastronomía italiana ha sido para Castaño tanto su escuela como el centro de su creación. El icónico chef americano Mario Batali, con restaurantes en Nueva York, Las Vegas y Los Ángeles, fue su mentor. Fue ahí, en sus múltiples restaurantes donde empezó desde abajo y logró llegar a ser chef ejecutivo de uno de ellos.

 Fuera del ambiente profesional, la culinaria siempre ha mantenido un lugar importante. En épocas cuando vivía en el barrio de Williamsburg, en Brooklyn, se reunía todos los domingos con sus amigos a jugar bocce (un juego italiano con el mismo principio de los bolos), que culminaba con una gran cena. Y así, el juego fue pasando a segundo plano y el menú fue ganando protagonismo hasta que el bolsillo no aguantó el entusiasmo de los amigos y les tocó empezar a cobrar. Entre Castaño y su socio, Michael Cerino, fueron creando una tendencia que la han llamado de varias maneras: los antirrestaurantes, los restaurantes pop up o comedores alternativos.

Lo que empezó como una reunión de amigos, se convirtió en un blog llamado a razor, a shiny knife (una cuchilla, un cuhillo brillante), donde registraban el menú que realizarían y así, por la web, fueron conquistando una bancada de adeptos. Desde 2007, una vez al mes, se reunían en la casa de Cerino, que se convirtió en un laboratorio de cocina y con la intención de no quedarse en lo mismo y de explorar y expandir los límites de estas reuniones dominicales gastronómicas, se salieron de la casa y se fueron metiendo a lugares distintos, como también exigiendo más en los ingredientes y las técnicas utilizados. Quizá lo que los catapultó dentro de los foodies, personas amantes de la comida, de los ingredientes y de la historia de la gastronomía, fue un fin de semana donde decidieron llevar el evento a una reserva natural de caza, donde la gente podía pagar para cazar un venado, un jabalí o un conejo. Un reportero de The New York Times registró todo el fin de semana, donde el jabalí fue el ingrediente principal de todos los platos. Al mismo tiempo, los comensales aprendieron de cortes y tuvieron la experiencia de comerse un animal de la nariz a la cola. La base de datos del blog se disparó y ahora los eventos se hacen en Los Ángeles, en San Francisco y próximamente en Bogotá y Cartagena.

Castaño y su amigo Cerino fueron pioneros de estos clubs, cuya intención es aprender, conocer gente y, por supuesto, comer y beber como en tiempos de Pantagruel.

  www.arazorashinyknife.com

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