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Construir sobre lo construido

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Uno de los lemas más celebra-dos de Antanas Mockus en sus alcaldías fue el de impulsar los programas y obras heredados de administraciones anteriores, al tiempo que procuraba mejorarlos.

Se constituía en un compromiso de gobernar hacia delante y no en mirar o criticar lo que venía de atrás. Es una lástima que Gustavo Petro no haya seguido una orientación semejante, especialmente en lo que tiene que ver con la Avenida Longitudinal (ALO).

La ALO tiene como función comunicar la Autopista Sur con la Autopista Norte para impedir que el transporte de carga entre a la ciudad. Los argumentos ofrecidos para no construirla son pobres y se caen por su falta de peso: que es para los ricos, que abre la frontera de la ciudad contrariando su densificación o que invade dos humedales. Una vía perimetral que evita que el transporte de carga circule por la ciudad, deteriorando sus vías transversales, beneficia a todos los habitantes de Bogotá, pues descongestiona, disminuye los tiempos del transporte público y privado y ahorra los costos de estar reparando las vías afectadas o de los daños que sufre el parque automotor por ese deterioro de las avenidas (la 127, la Boyacá, la Avenida de Cali y la 68). Mirando el mapa en Google por donde debe pasar la ALO, es evidente que se trata de zonas densamente urbanizadas y que, por lo tanto, no amplía la frontera de la urbe ni va en contra de la densificación de la ciudad. Con respecto a los humedales, la ingeniería está inventada y puede conservarlos mediante la construcción de viaductos.

Más grave aún es que implica un daño patrimonial contra la Nación y la ciudad, que han invertido $80.000 millones en la compra de terrenos y ya hay algunos tramos construidos. Es echar para atrás 10 años de esfuerzo colectivo y cambiar un POT aprobado hace mucho tiempo. Lo que propone Petro en vez de una vía perimetral es una iniciativa destemplada: un tranvía que probablemente no cuente con suficiente demanda de personas que necesiten desplazarse entre Soacha y los municipios localizados al norte de la ciudad. Pareciera que se trata de refundar la ciudad, como si fuera un nuevo Gonzalo Jiménez de Quesada.

Frente al Polo me parece que Petro obtuvo una victoria contundente y no necesita restregársela. Sí es necesario limpiar las clientelas y el sobreempleo que legaron las dos administraciones anteriores —que fue una masacre de los recursos públicos— y revisar cuidadosamente todos los contratos que firmó el Polo, apenas levantado el período de veda sobre la contratación pública después de elecciones. Si el Acueducto es un modelo que siguieron los institutos del Distrito, pues dejaron una olla muy raspada para la administración entrante.

Es positivo que el que denunció el carrusel de la contratación en Bogotá, que tanto daño le causó a la ciudadanía, gobierne e impida que se vuelva a presentar por un buen tiempo. El robo de los recursos públicos, el desgreño y la incompetencia, incluso la falta de estética en la construcción de obra pública, terminaron por despilfarrar el presupuesto del Distrito Capital; debilitaron también la disposición de los bogotanos a pagar impuestos, puesto que se los robaron muy “democráticamente”.

Otros logros que se insinúan en este mes de gobierno de Petro son la reorganización de una secretaría de obras que trabaje 24 horas reparando intersecciones y calles, un ordenamiento relativo del tráfico y mayor rigor en el desempeño de la policía.

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