Publicidad

El desconcierto monetario

Eduardo Sarmiento
04 de febrero de 2012 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El manejo de la política monetaria ha adquirido visos anárquicos. En la última semana el Banco de la República elevó la tasa de interés de referencia a 5% por votación unánime, incluido el ministro de Hacienda.

La política, que había sido seriamente cuestionada en sesiones anteriores por el mismo ministro, ahora recibió el rechazo del de Agricultura por sus efectos sobre el sector. Se dice una cosa y se hace la opuesta.

Lamentablemente, las visiones del Emisor no están fundamentadas en diagnósticos transparentes. No hay un documento serio elaborado por la institución que muestre las razones del ajuste reciente de la tasa de interés. El ministro de Hacienda un mes dice una cosa y el otro la contraria, y siempre hay un alto funcionario que desautoriza al Banco de la República y exime de responsabilidad al Gobierno. Los boletines no pasan de ser frases de fuera de contexto. En el último se dieron el lujo de justificar la decisión en términos de la coyuntura mundial, cuando el alza de la tasa de interés lo que haría era agravar los efectos recesivos de la supuesta crisis.

La verdad es que falta análisis objetivo. No es cierto que la economía estuviera tan bien como se clamó en los balances de diciembre. El alza de los precios de la vivienda, la explosión del crédito y la ampliación del déficit de la balanza de pagos constituían una clara evidencia de que la economía estaba recalentada y que los elevados índices de crecimiento no eran sostenibles.

El remedio de elevar la tasa de interés es peor que la enfermedad. La receta tendría algún sentido si el recalentamiento de la economía proviniera de un desajuste interno. Sin embargo, la verdadera causa del recalentamiento es la burbuja proveniente de la tasa de interés cero, la modalidad de cambio flexible y el enorme estímulo a la inversión extranjera. Como se ha visto reiteradamente, la economía está expuesta a una entrada masiva de capitales que produce revaluación y los buenos oficios de la autoridad económica para evitarla dan lugar a una fuerte expansión del crédito que amplía la demanda de bienes no transables, como vivienda y servicios, presionando el alza de sus precios. La economía queda entre la revaluación y la elevación de la inflación por encima de la meta.

Hasta hace un tiempo en las reuniones de la junta se advertía el propósito de conciliar las dos dolencias. Así, las medidas de subir las tasas de interés se acompañaban de anuncios de mayores compras de divisas que las neutralizaban. En la última sesión se presentó un cambio de actitud. La decisión del Emisor coincidió con un silencio sobre la compra de divisas y una fuerte contracción de los agregados monetarios. Al parecer, todos los poderes acentuarán la revaluación y, por ese camino, detendrán la expansión del crédito y las presiones de inflación.

Así lo entendieron los agentes económicos en los días siguientes, cuando la cotización bajó $30. El expediente ampliará el déficit en cuenta corriente, profundizará el marchitamiento de la industria y la agricultura, bajará el crecimiento y habrá más informalidad. El recalentamiento no es otra cosa que el intento de crecer a altas tasas impulsadas por la burbuja de la revaluación y la inversión extranjera que genera un déficit en cuenta corriente de 5% del PIB. La solución no es elevar la tasa de interés para inyectarle más combustible al proceso, sino cambiar al modelo que causa la burbuja. En la práctica, significa restarle prioridad a la minería, limitar la inversión, intervenir sin contemplaciones el mercado cambiario y adoptar metas más flexibles de inflación.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido