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La administración petro se ha propuesto revitalizar el centro de Bogotá. La experiencia de Quito, iniciada treinta años atrás, puede sumarse a las estudiadas en reciente seminario de Planeación y Hábitat.
El alcalde innovará en materia de vivienda social, en el centro ampliado. Quito, Ciudad de Panamá, San Pablo y Montevideo (a través de las cooperativas de vivienda), han hecho buena vivienda social en el centro. La emblemática Casa de los Siete Patios de Quito es un ejemplo interesante de cómo se atienden las necesidades sociales y a la vez se respetan las características del patrimonio cultural. Como ésta, hay otras casas y edificaciones, en la ciudad vecina, dedicadas a resolver el problema de la vivienda para una población de escasos recursos, sin olvidar que se está en un centro histórico patrimonio de la humanidad. ¿Por qué no hacer vivienda social en Santa Bárbara de Bogotá, un barrio patrimonial que se cae a pedazos y cuya estratégica localización juega a favor de su recuperación? ¿Por qué no hacerla en Las Cruces, otro sector patrimonial al que la avenida Comuneros convirtió en campo de guerra?
Petro piensa crear un Fondo de Revitalización y valdría la pena que conociera el Fondo de Salvamento —Fonsal— de Quito, así este proyecto se haya desmontado recientemente, con ocasión de una política de centralización. Los ingresos del Fonsal eran variados. Los principales rubros de ingresos propios se originaban en impuestos, rentas de inversiones y multas. Entre los ingresos de capital estaban las transferencias de la Nación y del Municipio de Quito, donaciones internas, de la Junta de Andalucía, de la Agencia de Cooperación Española —Aecid—, del gobierno de Bélgica y Unesco (Samaniego, 2006). Desde 1998 y hasta su clausura, el Fonsal registró superávit permanente y presentó indicadores de autosuficiencia financiera y funcionamiento óptimo.
Por su parte, la Empresa del Centro Histórico de Quito, de economía mixta, fue creada en 1994 con el propósito de rehabilitar integralmente un área de 154 manzanas, correspondientes al núcleo central de la ciudad antigua. Esto implicaba: adecuación y equipamiento urbano, mejoramiento ambiental, sostenibilidad social y reactivación económica. En 1999 se agregaron los subproyectos de vivienda solidaria y capacitación de microempresarios. Finalmente, se sumaron el programa de seguridad ciudadana, rehabilitación de los mercados y política de aparcamiento en las calzadas (Samaniego, 2006). Quienes hayan visitado recientemente el centro histórico de Quito, podrán notar que, aún con problemas y fracturas, la recuperación es una realidad.
En la práctica, Petro cuestionó ya el plan zonal del centro de Bogotá y su visión de la renovación pura y dura. La Empresa de Renovación Urbana y el Instituto de Patrimonio Cultural tendrán que adecuarse a este nuevo norte que es la revitalización del centro. Y, para cualquier duda, Quito está a la vuelta de la esquina.