Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Nuevamente, me refiré al tema de las sentencias que tienen gran impacto en las sociedades, pero, no hablaré de La Sentencia.
Guatemala, 1982-1983. El militar Efraín Ríos Montt da un golpe de Estado en el país, gobernando de facto por un poco más de un año, periodo durante el cual, se cometieron cientos de crímenes, en desarrollo de la guerra civil guatemalteca.
Camboya, 1975-1979. El régimen de los Jemeres Rojos, de inspiración maoísta, gobierna el país con ideas radicales sobre la revolución que devinieron en el llamado ‘genocidio camboyano’.
Alemania, 1933-1945. El Partido Nacionalsocialista alemán de Adolfo Hitler, gobierna el país y a la vez, su líder inicia una ocupación de otros países que implica la comisión de crímenes más allá de sus fronteras.
Pero ¿qué tienen en común hechos ocurridos en países y continentes diferentes? Mucho.
Por un lado, a pesar de los años que han pasado desde que los hechos tuvieron lugar, aún hoy son noticia y, las consecuencias han trascendido el pasar del tiempo hasta nuestros días.
De otro lado, cada uno de esos hechos ha sido llevado a instancias judiciales, pero, en el caso de los dos primeros, han tenido que pasar décadas para la investigación y sanción de los responsables, que, en todos los casos, se ha concentrado en los dirigentes o en aquellos que tenían niveles de mando o de responsabilidad y no en la totalidad de los miembros de los grupos o actores de los regímenes, así:
En Guatemala, esta semana ha sido noticia el inicio del juicio contra Efraín Ríos Montt quien es cuestionado por su participación en el genocidio de 1.700 indígenas mayas.
En Camboya, esta semana el jefe torturador del Jemer Rojo, Kaing Guek Eav, quien había sido condenado a la pena de 35 años de prisión por la muerte de unas 16.000 personas en la cárcel que dirigió, fue condenado en segunda instancia por el Tribunal Internacional de Camboya a cadena perpetua.
En Alemania e Italia, se conoció la decisión de la Corte Internacional de Justicia que declaró sin efectos las decisiones de los tribunales italianos que habían favorecido a demandantes víctimas del nazismo que solicitaron inemnización a Alemania por los hechos dañosos. Entre otras razones, se tuvo en cuenta la inmunidad legal de Alemania para ser condenada por Tribunales de otros países. Además, ya ha dispuesto programas de reparación a las víctimas del régimen nazi.
Como toda decisión judicial, éstas han contado con favorecidos y perjudicados. Las víctimas de los Jemeres Rojos y de Ríos Montt, probablemente están satisfechas con los resultados de la Justicia. No ocurrirá lo mismo con los italianos que motivaron la decisión de la Corte Internacional de Justicia, pues, evidentemente, no corresponde con su petición.
Es afortunado que la justicia esté funcionando en éstos y en otros muchos casos en el mundo, como tambén lo es que sus decisiones sean objeto de análisis y discusión. Pero, es bastante reprochable que esos análisis, y discusiones no cuenten con un adecuado respeto por la institucionalidad que las produce, que inviten a su desconocimiento, que generen riesgos para la vida de los jueces, que los condicionen y presionen para el momento de decidir en el futuro casos semejantes.
No sé si la Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Internacinoal de Camboya o la Jueza guatemalteca del caso Ríos Montt se sientan presionados, amenazados e intimidados por gobiernos o militares con ocasión de sus decisiones pero, si es así, también sería, igualmente, reprochable.
En Twitter: @andreasforer