Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Según lo manifiesta el ministro de Singapur Tharman Shanmugaratnam, en su artículo publicado en El Espectador (22-01-20), las protestas masivas que hemos observado en el mundo y en nuestro país no han surgido de la nada. Los gobiernos han perdido credibilidad y su única respuesta posible son la represión y las medidas extremistas. Si bien los vándalos encuentran un escenario que han preparado con anterioridad, ese aspecto tendría que ser el primero en tener una acción contundente, pero los dejan escapar. Las cámaras de seguridad y los testimonios televisivos los registran. Y nada… No los cogen, y si los agarran por casualidad, no lo hacen cumpliendo los protocolos establecidos, por lo tanto hay que soltarlos, ¿verdad? Eso no es gobernabilidad ni efectividad. Eso es mediocridad de las autoridades.
El actual Gobierno Nacional y todos los locales que acaban de estrenarse deben centrarse en la recuperación de la confianza, pero sin discursos de campaña. Y para rescatar el respeto, el ciudadano tiene que encontrar en las diferentes instancias gente buena, honrada y trabajadora, ojalá bien preparada. Lástima, no es el caso de muchos funcionarios nacionales. Cada vez que nombran a alguien llueven y truenan los cuestionamientos a su trayectoria, y en vez de llegar a dinamizar sus acciones en sus cargos, se gastan un resto de tiempo defendiéndose, aclarando, mientras tanto, los planes, programas y proyectos en franco deterioro. Cómo confiar en esas instituciones a donde llegan estos individuos a hablar de lo humano y lo divino. Todo esto vuelve mediocre la administración pública.
Dice el ministro Tharman Shanmugaratnam: “El Estado, y todos nosotros conjuntamente, debemos mitigar la ingeniería social del mercado, reducir la desigualdad en las oportunidades y evitar que una clase marginada y otros legados se enquisten demasiado como para poder solucionarlos de manera democráticamente aceptable”. El Gobierno actual no puede estar buscando siempre que la gente solucione sus propios problemas y olvidar miserablemente las razones de sus protestas. Y si no, para qué se hicieron elegir. Tampoco pueden estar centrándose en legislar y gobernar para sus propios intereses. Esto sería el colmo de los colmos, pero no sería nada raro cuando se observa el actuar de ciertos representantes y senadores de cierto partido, que ya se sabe. Si esto no les llega a sus conciencias, estamos físicamente ante un sistema de gobierno fortalecido en la mediocridad.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.