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El nombramiento de José Pékerman como técnico de la selección Colombia ha dejado, en general, más muestras de satisfacción y de alegría que de inconformidad.
Por supuesto, algunos muestran su malestar por haber llevado al cargo a un extranjero, cuando pretendían que siguieran los mismos con las mismas.
Sin embargo, desde ahora es necesario hacer algunas observaciones pertinentes sobre la llegada del argentino. El aficionado en general cree que llegó un “mesías” y que Pékerman tiene la varita mágica para endereza el rumbo torcido, errático y naufragante de la selección. Se palpa algo parecido a lo que vivieron en Chile cuando aterrizó Marcelo Bielsa.
Pékerman y Bielsa tienen puntos de contacto, en algunas cosas pueden ser concomitantes, pero son dos personas totalmente diferentes en métodos y filosofía de trabajo. Pékerman no es ni una quinta parte de lo obsesivo que resulta Bielsa con sus equipos. Y eso es una ventaja, porque Bielsa no permite opiniones, no admite contradictores, encierra su grupo, dirigidos y ayudantes, dentro de una cápsula y tan sólo vale su punto de vista, su forma de actuar. Pékerman es un poco más abierto aunque por su forma de ser, taciturno y casi melancólico, termina reconcentrándose y aislándose del mundo exterior.
Ha sido muy prudente Pékerman en sus primeras declaraciones y no dio pistas sobre su estilo de juego, sus futbolistas preferidos y su visión de la nómina con la que puede llegar a trabajar. Cualquiera podría pensar que por sus resultados con Argentina, Pékerman gusta del fútbol ofensivo, maneja un lenguaje de toque y participación de ataque masivo, cree en los creadores y en el talento. Bielsa piensa diferente, trabaja en presiones totales, intensidad, ritmo y dinámica, y aunque aparentemente sea atacante, todo su esquema está fundamentado en la agresiva e inmediata recuperación de la pelota en todos los sectores de la cancha.
Pékerman en su primer discurso público ha sido claro en que no admitirá injerencias externas. Es el mismo lenguaje de Bielsa. Se supone que se refiere a los empresarios, directivos, periodistas, colegas técnicos, pero de algo tiene que estar seguro el nuevo seleccionador: sus decisiones tendrán que ser firmes, serenas, analíticas, claras y contundentes, porque acá los procesos duran muy poco y la paciencia del aficionado es muy corta.
Y un mensaje para la gente: Pékerman es Pékerman, no es Bielsa y tampoco es el “mesías” salvador del fútbol colombiano. El fútbol se sigue moviendo, ayer, hoy y mañana, por los jugadores y su categoría y nivel.