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Expertos en Washington hablan de un retorno de los procesos de paz.
Hillary Clinton, la mujer que en la administración Obama tiene los pantalones bien puestos, la semana pasada dijo: “Nunca tenemos el lujo de negociar la paz con nuestros amigos”, refiriéndose a las actuales conversaciones entre negociadores estadounidenses y representantes de los talibanes. Las palabras de Clinton marcan una actitud distinta a la época de Bush, quien dos días después del 11 de septiembre, declaró: “Estamos en guerra”. Después de una década en la que se ha priorizado el uso de la fuerza como medio para imponer un fin definitivo a un conflicto, el péndulo está ahora dando una vuelta marcando el regreso de la negociación y la construcción de paz. ¿Qué significa este cambio estratégico para Colombia, que, junto con Afganistán, ha sido considerada el modelo de contrainsurgencia en este siglo?
En Afganistán, EE.UU. pasó por tres fases. En una primera fase, decidieron destruir a los talibanes. La puerta a cualquier negociación estaba sellada. En una segunda fase, quisieron luchar contra los talibanes para, una vez conscientes de su derrota, poder negociar desde un punto de fuerza. En la fase actual, los EE.UU. están dispuestos a hacer la paz con los talibanes. No es un cambio insignificante, puesto que negociar significa renunciar a algo para obtener algo. Sin duda, los EE.UU. no son una reencarnación de Gandhi, a pesar de tener un presidente que es un premio Nobel de Paz. El objetivo sigue siendo el mismo: preservar el liderazgo global. Lo que ahora tiene nuevos matices es el cómo.
El cambio estratégico no se limita a los talibanes. Comenzó desde la presidencia de Bush en 2006. En un giro de políticas, EE.UU. consideró las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU de “interés directo de la seguridad nacional de los EE.UU.”. Al mismo tiempo, Condoleezza Rice habló de una “diplomacia transformadora”. Más allá del adjetivo pomposo, destacó la primacía de lo político sobre lo militar. El dúo Obama-Clinton profundizó esta tendencia y EE.UU. juega hoy un papel de mediador en los conflictos árabe-israelí y de Cachemira. Rodeado de sus generales, el presidente Obama declaró la semana pasada: “Estamos volteando la página a una década de guerra”.
EE.UU. redescubre la importancia de hablar con el enemigo. Han aprendido que hay un límite en lo que la intervención militar puede lograr: sólo puede abrir una ventana hacia el surgir de una solución política.
¿Y Colombia se pondrá a la par con la historia? Hoy se observa un clima distinto. Aunque en su reciente carta a Santos las Farc lamentablemente no se comprometen a acciones concretas, hay que resaltar, con suma prudencia, un cambio en el tono. Ahora, el interrogante que el país y las partes tienen que abordar no es solamente si negociar sino también el “cómo” y el “porqué”: el qué dar y el qué recibir de una negociación.
Aldo Civico
Twitter @acivico