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Dotada de una gran riqueza cultural desde la prehistoria, y de su condición de ser despensa verde y marina del noroeste español, Galicia ha enfrentado reveses de todo tipo. En el caso de la viticultura -poco vital para la supervivencia-, ha conseguido preservarla en tiempos benignos y abandonarla en períodos aciagos.
En medio de la Guerra Civil (1936-1939), y para satisfacer la demanda de alimentos, los gallegos arrancaron viñedos y abandonaron centenarias bodegas, causando un doloroso éxodo de mano de obra experta hacia Europa y América.
En 1985, tras el ingreso de España a la Unión Europea, se revivió el sueño de retomar el rumbo enológico, gracias al apoyo técnico y económico ofrecido por el ente regional. A su vez, emprendedores locales aportaron recursos al sentir la proximidad de un gaudo amanecer, expresión latina que significa “feliz”.
A su paso por Bogotá, todos estos ires y venires saltaron al ruedo en una conversación con Iago Becerra García, director comercial del grupo gallego Bodegas Terras Gauda (en latín, Tierra de la Alegría). Este conglomerado tiene sede en el templado y sureño Val do Rosal, zona integrante de la DO Rías Baixas. En de la misma apelación existen otras cuatro zonas, entre ellas Val do Salnés, en el extremo norte, más húmeda y fresca, y considerada la cuna del Albariño.
En Salnés, los vinos se distinguen por su alta acidez, notoria salinidad y persistentes aromas frutales y florales. En cambio los de Val do Rosal poseen acidez media, pronunciados aromas cítricos y tropicales, y un giro mineral, otorgado por los suelos de esquisto y su proximidad al mar. Con el río Miño de por medio, O Rosal yace en el punto en el que el Miño se encuentra con el océano Atlántico, y en la otra orilla se explaya Portugal.
Terras Gauda se fundó en 1990 y desde entonces trabaja por una viticultura tradicional, respetuosa del medio ambiente y asistida por alta tecnología. La apuesta es hacer vinos singulares, con identidad propia. Y lo logra.
Dos vinos presentes en el mercado colombiano son Abadía de San Campio, un Albariño al ciento por ciento, poseedor de un perfil suave, pero con carácter. Y por su lado, el Terras Gauda (intenso, fresco, untuoso, estructurado y de largo final) resulta de la mezcla de la Albariño con otras dos variedades autóctonas: Caiño Blanco y Loreira. Gracias a este tipo de acciones, la Caiño ha conseguido salvarse de una temida extinción.
Todo indica que Galicia ha vuelto a ligarse con el vino. A hoy, en Rías Baixas operan 200 bodegas, un conjunto en el que Terras Gauda ocupa el primer lugar en volumen, con 1,5 millones de botellas anuales y un mercado internacional de 45 países. Si Galicia aprovecha el actual auge de blancos, el futuro luce prometedor.
* Comercializa DLK importaciones.