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A aprender latín, muchachos…

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Dos hechos hacen reflexionar sobre que a los periodistas nos toca aprender a entender las múltiples lenguas que se hablan aquí, donde creemos que todos, salvo los indígenas, hablamos español, pero resulta que no es así:

Por una parte está el resultado del Barómetro Global de Esperanza y Pesimismo, según el cual Colombia es la nación más feliz de América y la sexta del mundo, no obstante que por las noticias tendríamos que sentirnos infelices. Y, por otro, está el comunicado de Timochenko, jefe de las Farc, que lleva a pensar que, para entendernos con él, ¡toca aprender latín y repasar a los clásicos!

Si miramos los titulares de los últimos días nos encontramos con que las “Farc tienen haciendas de 42.000 hectáreas”, “hay que aumentar la edad de jubilación”, “investigan si ‘Los Urabeños’ ordenaron Plan Pistola” y un “bloque paramilitar enroló a 309 niños”. Sin embargo, 74% de los colombianos se sienten felices. Y si vemos los grandes debates de la prensa, tenemos que, casi siempre, ella va por un lado y la gente por otro: por ejemplo, la mayoría apoya a la fiscal Viviane Morales y cree que la relación con su marido pertenece a su fuero íntimo, mientras que varios columnistas piensan que, por su matrimonio con Lucio, ella debe renunciar. (Me excluyo: creo que a la fiscal hay que juzgarla por sus resultados; que es valiente, recta y no manipulable, y que su renuncia sólo cabría si se comprueba que permite que su esposo intervenga en decisiones de la Fiscalía. Por lo demás, ¡debe bajarle al protagonismo y reducirle el perfil al asunto!).

Entonces, mientras la prensa informa de masacres, catástrofes y chanchullos, para la mayoría la principal noticia es que tiene trabajo, que su familia está bien y que es feliz con la pareja. Los periodistas, si queremos ser los voceros de la gente, tenemos que aprender a apreciar su capacidad de ser feliz, no obstante que debemos seguir informando lo negativo, pues nuestro deber es mostrar la realidad y servirle de contrapeso al poder. En este caso, ¡tenemos mucho que aprender!

Y ante el mensaje de Timochenko, justo en estas circunstancias, sólo nos cabe el asombro: comienza con un “sin mentiras, Santos, sin mentiras”, y luego dice: “se puede ser seguidor o adorador de Dios. Pero no debería hacerse abstracción del hondo contenido de los mitos religiosos (…). Los cristianos (…) apelan al Génesis como la explicación (…) del comienzo de las cosas. Y hasta sin ser fanáticos, aceptaban la expulsión del Paraíso como la consecuencia lógica del pecado de desobediencia. Pero ¿qué pensaba Adán? ¿Estarían él y Eva resignados a que se les condenara de ese modo para toda la eternidad? (…) Insistimos, como cinco siglos atrás lo hacía Fray Antonio de Montesinos ante los encomenderos de la Española, Ego vox clamantis in deserto”.

Al final, Timochenko pide “retomar la agenda que quedó pendiendo en el Caguán” y concluye: “el gobierno del que Ud. hizo parte, se negó a abordarla diez años atrás, condenándonos a todos a esta Troya sangrienta que sin toma de Ilión se apresta a repetirse. Nosotros, al igual que la inmensa mayoría del pueblo colombiano, pertenecemos a la estirpe mundial de mujeres y hombres a quien un soberbio poder celestial desterró del Paraíso”.

¿Uds. entienden algo, queridos lectores? Si ocurre que no, como me pasa a mí, ¡los invito a repasar el latín! A ver si de pronto…

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