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Sobre las “chuzadas” en el Ejército
Aquí el problema viene desde los organismos de control de los contratos dentro de las Fuerzas Militares. ¿A quién le corresponde revisar e indagar para qué se necesita ese “contrato”, dónde será utilizado y por quiénes? ¿Gastando el dinero de los contribuyentes en maniobras perjudiciales para los mismos ciudadanos? Un Estado que no funciona a casi ningún nivel. ¡Pobre platanal!
L. Loja.
Sobre los asesinatos de líderes sociales
Este año han asesinado en promedio más de un líder por día. Me parece descabellado, absolutamente contraevidente, opinar que “Gobierno, Fiscalía, Ejército y Policía han demostrado disposición para enfrentar el problema”, como afirma el editorial “Más líderes sociales asesinados y amenazados” (El Espectador, 13/01/20). Es ofensivo con el dolor de los centenares de víctimas, terrible. Las evidencias muestran, por el contrario, que existe complicidad necesaria por acción u omisión.
B. Salenas.
Sobre un editorial
El cura que dice que “Jesús es el rey del universo”, como muchos que se hacen llamar “cristianos”, lo que hace es ignorar que hay miles de dioses, algunos pasados, otros presentes y otros que están aún por inventarse. Colombia es un país laico y las creencias religiosas, como lo dice el editorial “¿Qué tiene de malo entregarle una ciudad a Jesús?” (El Espectador, 07/01/20), deben quedarse en el ámbito privado.
Por otra parte, conocemos muy bien la agenda política e ideológica que tienen tanto la Iglesia católica como las llamadas cristianas (la mayoría de ellas iglesias de garaje donde estafan a los fieles), y dicha agenda es inmensamente peligrosa; ya lo vimos con el plebiscito. La religión, cualquiera que sea, es uno de los pilares fundamentales de la sociedad patriarcal: es misógina, violenta, excluyente, machista, homófoba, racista, clasista. Lo mejor que puede hacer una persona es educar a sus hijos en la laicidad; enseñarles a orar es perpetuar siglos de discriminación y sumisión. Y por supuesto, el crimen de la pederastia, crimen que debería ser declarado de lesa humanidad, es un horror que la Iglesia católica siempre ha conocido y que, sin embargo, ha escondido debajo de sus ominosas sotanas.
Berta Lucía.
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