Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Claudia Piñeiro vendrá a Colombia a finales de este mes.
En estas vacaciones leí dos de sus novelas y me sorprendieron, no porque esperara menos, sino porque descubrí cuánto le debo como lector a la literatura policiaca y cuánto me gusta sentirme a bordo de tramas que, a pesar de ciertos estereotipos, desnudan lo peor y lo mejor de los seres humanos.
Piñeiro nació en un suburbio de Buenos Aires en 1960. Durante diez años, tras graduarse como contadora pública, ejerció dicha profesión. En una entrevista concedida al diario Clarín, dice que fue en un viaje de negocios, precisamente, cuando descubrió que su vocación era la escritura. Un anuncio de un premio de novela la impulsó a dejarlo todo y dedicarse al difícil oficio de escribir. Tras terminar un primer manuscrito se dio cuenta de lo cuesta arriba de su decisión. La novela quedó finalista del concurso pero jamás se publicó. Tiempo después, Piñeiro publicaría sus primeros libros, pero sería en 2005 cuando conseguiría el Premio Clarín, con Las viudas de los jueves, una historia brutal ambientada en un country —una especie de conjunto cerrado— donde vive la alta burguesía porteña. La época es el fin del milenio anterior y el comienzo de este, cuando ese país vivió una profunda crisis económica. Cinco voces cuentan el universo de ese lugar encerrado, de espaldas a la realidad, donde se suceden, una tras otra, decenas de tragedias cotidianas en medio de un arribismo y una crueldad permanente. La novela lo mantiene a uno en suspenso gracias a lo particulares que resultan sus personajes y a un universo donde un crimen es la excusa perfecta para mantener al lector en vilo durante sus páginas.
Si hace cinco años Claudia Piñeiro narró la vida de ese country desde sus protagonistas, el año pasado publicó la muy bien recibida Betibú. El escenario es otra vez uno de esos conjuntos cerrados, pero esta vez desde fuera, como si necesitara testigos que respondieran a la anterior novela. Una escritora de novelas policiacas en crisis, enviada a un country como cronista de un horrible asesinato; un viejo periodista de judiciales que ha sido trasladado a cubrir temas de sociedad, y un joven aprendiz de redactor son los personajes centrales de una novela mucho más compleja que la anterior, más lograda si se quiere, y tremendamente efectiva en cuanto al lenguaje policiaco. Lo importante, parece decirnos Betibú (o Betty Boop), la protagonista, no es el crimen en sí mismo sino todo lo que esconde. Claudia Piñeiro sabe que la mejor literatura del género negro no está anclada sobre el misterio ni la trama, sino sobre lo que el lenguaje puede revelar de nuestro lado más oscuro.
Betibú y Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro, Alfaguara.