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Comprendo que periodistas y concejales vigilen a quienes gobiernan, pero no comparto ciertos cuestionamientos recelosos a funcionarios recién nombrados por el alcalde Gustavo Petro, como María Fernanda Rojas, directora del IDU, quien, en El Espectador del 4 de enero, resulta medio descalificada por Cecilia Orozco en su columna y por el concejal Juan Carlos Flórez en el artículo “Las piezas de la movilidad” .
Aunque confía en la probidad de los funcionarios, Flórez anuncia una “alerta temprana” para con Ana Luisa Flechas (secretaria de Movilidad), Carlos García (gerente de Transmilenio) y la referida María Fernanda Rojas, intranquilo porque la “ineptitud en la gestión pública vuelva a ser una característica del gobierno distrital”. Excepto que Flórez tenga habilidad paranormal para conocer desaciertos futuros, su argumento es irrelevante; tanto como agregar, refiriéndose a Rojas, que “los problemas de Bogotá son de tal magnitud que no hay tiempo para el aprendizaje”: si algo saben los educadores, como Flórez, es que las mejores soluciones prácticas las desarrollan quienes reflexionan y aplican durante situaciones problemáticas. Además, no concibo personas que desempeñan labores sin aprender.
Más sutil, Cecilia Orozco anotó: “Unos tienen suficientes créditos profesionales. Otros, no tanto (por ejemplo, ¿una periodista manejando el complejo IDU?)”. Que una periodista dude de las capacidades de otra en razón de ser tal, huele a determinismo: las personas portamos rótulos profesionales que constriñen lo que somos y podemos o no hacer ; para mí, los humanos caracterizamos los cargos, no al revés. Por otra parte, su ironía desconoce a muchos… ¿Un periodista manejando la compleja Colombia?, pues sí: Jorge Tadeo Lozano, Antonio Nariño, Manuel Murillo Toro, Santiago Pérez, Miguel Antonio Caro, Rafael Núñez,entre otros.
En Occidente ‘ciudad’ tiene dos significados: conjunto de ciudadanos unidos por vínculos sociales es civitas (de ahí cívica); mientras calles y edificios son urbs (de ahí urbanismo). Mucho valoramos aquí la infraestructura y poco la gente; pensamos mucho en millones de pesos y poco en millones de personas que ¡somos! Bogotá. El predominio de lo urbanístico sobre lo cívico ha sido una histórica desgracia que con el programa ‘Bogotá humana, ya’ Petro y su gente ofrecen remediar. Cuando decimos “ciudad feliz y digna” no aludimos a calles, sino a personas. Considero a Petro bien encaminado al nombrar a María Fernanda Rojas; una periodista hábil puede devolver al IDU la perdida credibilidad. Pese a los escépticos, el desarrollo cívico fundamenta al urbano , así Flórez puede “alertarse tempranamente” cuanto quiera, y Orozco exhibir suspicacias. Yo me declaro optimista.
Alfredo Gutiérrez B. Bogotá.