
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El arte en Colombia se ha mostrado esnobista, en otros casos elitista. Las múltiples manifestaciones del arte se dan en espacios cerrados, no aptos para todo tipo de público, con precios que no son accesibles para todos y que, de alguna forma u otra, van alejando a algunos sectores de la población de querer conocer, explorar y tal vez coleccionar algunas piezas que guardan una historia, una idea o una vanguardia.
La Feria del Millón, que lleva siete años participando en los circuitos de arte en Bogotá, le ha apostado a la recuperación y reivindicación de una idea del arte asociada a la democracia, a la posibilidad de incluir en un mismo escenario a artistas emergentes, a artistas que cumplen ya una trayectoria relevante, a coleccionistas de vieja data y a aficionados que quieren apreciar y adquirir piezas de arte que no cuestan grandes cantidades de dinero. De manera que uno de sus logros es obtener un beneficio para las partes, pues no solo los artistas participantes logran darse a conocer, sino que los asistentes y coleccionistas podrán encontrar obras que se adaptan a sus intereses y también a su bolsillo.
Puede leer: No hay normas para acercarse al arte contemporáneo
El asunto no es centrarse en una idea mercantilista del arte, pues justamente el propósito de la Feria del Millón es seguir consolidando un espacio alternativo en el que las nuevas apuestas del arte en América Latina se puedan dar a conocer y donde el fin no sea meramente lucrativo.
Diego Garzón, director de este evento, cuenta que “la Feria nació con el propósito de democratizar el arte. El arte tiene el estigma de ser para minorías, para gente millonaria. Y eso, particularmente a mí, me había generado inquietud porque las demás artes sí están al alcance de uno. Por ejemplo, los precios de los libros no varían tanto. Borges no vale $300 millones de pesos y cualquier otro vale $15 millones. En el cine es algo similar; la boleta no cuesta más, así el director de la película sea Tarantino. Las artes plásticas tienen una lógica diferente; las obras cuestan millones de dólares o millones de pesos. Entiendo que no todas las obras puedan costar un millón de pesos, ni más faltaba; y que un artista tiene que valorizarse y la producción de una obra tiene un costo que va subiendo. Eso lo entiendo, pero lo que buscamos detrás de este concepto es democratizar el arte. ¿En qué sentido? En dos frentes: el primero, que la gente tenga acceso a arte de calidad y pueda comprarlo, y por eso hay un filtro con un comité curatorial; y el segundo frente, es por el lado de los artistas. Hay quienes estudian artes plásticas y se gradúan y preguntan, ¿y ahora qué? Entonces quiero vivir del arte y me toca buscar una galería -hay muchas pero no tantas para tantos artistas-, y tampoco es tan fácil entrar. Y la Feria sirve para convertirse en una plataforma que visibilice a esos artistas. Y además de vender, lo que más agradecen es poderse dar a conocer. Ese ha sido el éxito de la Feria, ya que los artistas son quienes hablan directamente con el público”.
Puede leer: Más de 150 artistas participan en el 45 Salón Nacional de Colombia
Además de la adaptación de la Feria al Hospital San Juan de Dios, este año la Feria del Millón contará con otra serie de novedades, entre las que se destacan la presencia del certamen en Cali el fin de semana, del 27 al 29 de septiembre en el Museo La Tertulia, el 17 de octubre en el Museo El Caribe de Barranquilla, y el 7 de noviembre en el Hotel Click Clack de Medellín con Las noches del millón, espacios en los que un grupo de doce a quince artistas de las respectivas ciudades estarán presentando sus obras. Asimismo, la feria contará con un pabellón de artistas venezolanos que es apoyado por la Fundación Ayuda en Acción y que llegaron al país con el propósito de defender sus obras y anhelos.